miércoles, abril 25, 2018

La inscripción pública de las personas con discapacidad en nuestro país no acaba en el DNI convencional.  Además, el Certificado Único de Discapacidad (CUD) aparece en el horizonte (y reaparecerá en cada renovación periódica) de las vidas de las personas como un procedimiento necesario para acceder a derechos, beneficios y prestaciones.  Las personas, familias (y sociedad) viven esta instancia como la continuidad de los diagnósticos médicos, como una formalización de etiquetas. ¿Cómo opera en las perspectivas de futuro? ¿Qué sentidos sociales subyacen a la certificación de la discapacidad?  ¿Cómo este mecanismo aún necesario para acceder a las prestaciones de apoyo que la persona requiere reproduce etiquetas y representaciones sociales? ¿Cómo desarrollar una certificación de acceso a derechos que no esté atravesada (o al menos no preponderantemente atravesada) por un discurso y una mirada desde lo médico? ¿Cuánto de estas contradicciones son consecuencias del desarrollo de políticas focales y en el marco de un sistema fragmentado (público, privado, mixto o comunitario), en detrimento de políticas de acceso a la salud pública, a la educación pública, etc. y por lo tanto de acceso realmente universal?
Y en cuanto a las experiencias particulares: ¿Con qué herramientas cuentan las personas con discapacidad y sus familias para acceder al ejercicio de sus derechos en general, atravesando con fortaleza y dignidad trámites, procedimientos y discursos?  ¿Cómo se inscriben esas experiencias y eventos en las biografías e historias familiares?

Algunas de estas preguntas sobrevolaron hace algunas semanas, en el marco de la charla "Maternidad y discapacidad, capacitar desde el amor". Allí coincidieron la periodista Flavia Irós (quien a principio de año lanzó, en su calidad de madre, una comunicación crítica sobre la política de certificación a las personas con discapacidad) y la Lic. Mirta Guzmán, psicóloga que se trabaja en nuestra institución, y que entre otras acciones, hace tiempo lleva adelante procesos de trabajo con adolescentes y jóvenes con discapacidad, en clave de desarrollo de autonomía, empoderamiento y habilidades para la vida independiente.

Invitada por la Secretaría de postgrado de la Facultad de Psicología, en el marco del ciclo anual de charlas que brindan a profesionales y público en general; Guzmán enmarcó sus aportes en esta conversación basándose en los análisis que venimos desarrollando desde la institución y en diversos espacios de articulación: con una mirada histórica de la transformación de los modelos que atraviesan a la discapacidad, desde la preeminencia hegemónica de una mirada médico - normalizadora, hacia el Modelo Social de la Diversidad Funcional, que se plasma jurídicamente en el Derecho Internacional y local, a través de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad.  
En el medio de estos procesos, las políticas y prácticas vigentes deben ser interpeladas, repensadas y transformadas para armonizarse con la perspectiva de derechos humanos y el reconocimiento de que la discapacidad es un fenómeno que se reproduce socialmente, producción que esas propias prácticas y políticas sostienen.  Asimismo profundizó en cómo estos sentidos sociales de la discapacidad nos interpelan en la vivencia personal de la maternidad, en la practica profesional y en la sociedad en general. 

Flavia Iros y Mirta Guzmán, durante la charla.
Las disertantes junto a las organizadoras de la actividad.



lunes, abril 23, 2018

¿Desde qué idea de sujeto partimos, la interdisciplina es un espacio de intervenciones para el intercambio? ¿La discapacidad desde el modelo social, como nos interpela?
Con una propuesta articulada de conceptos y referencias la jornada de inicio del curso de formación contó con la disertación de la Dra Carolina Reynolds y el Lic. Maximiliano Aguirre, quienes desde su disciplinas y enfoques compartieron su experiencias tanto en el ámbito laboral como personal en cuanto al trabajo en equipo, la interdisciplina y desde que lugar pensamos nuestras prácticas profesionales en el marco de derechos y el modelo social en discapacidad.
Imagen de los asistentes tomando nota de la clase
De esta manera en un primer momento  fuimos indagando, compartiendo y discutiendo, cuáles son nuestros saberes previos en cuánto hablamos de interdisciplina y discapacidad cómo es el trabajo en los equipos interdisciplinarios y cómo estos posicionamientos pueden estar presentes en lo concreto de un caso clínico.
Tensionado y dialogando desde la práctica, fuimos avanzando en un recorrido histórico y conceptual, para poner en discusión que entendemos por los saberes totales o fragmentarios, los saberes entretejidos y la recuperación de los nombres propios de la interdisciplina y del trabajo vincular.
Carolina Reynolds promoviendo el debate y la puesta en común
Pensamos como abordar e integrar los puntos de partida iniciales, los conceptos teóricos expuestos y los emergentes, en cada grupo para ir revisando las formas, espacios y modelos de interdisciplina, aquellas maneras necesarias para acompañar la historia de cada paciente en esa situación particular.
Fuimos trabajando en la construcción de un posicionamiento ético en la clínica considerando los aportes de cada disciplina y los puntos de anclaje en los equipos interdisciplinarios.
Como proponía, Maximiliano Aguirre, cada concepto y concepción  refiere a una construcción analítica de un modo de ver y definir una situación, un posicionamiento y es por ello prioritario revisar nuestros enclaves conceptuales de enfoques que responden a ciertas representaciones sociales que nos obliga a pensar las estrategias que se definen y se construyen en los dispositivos de intervención.
En  un marco de derechos, poder visualizar las situaciones de vulnerabilidad con la intención de problematizar nuestras prácticas, sentires y miradas, habilitando nuevos términos, acompañando procesos de empoderamiento y autonomía, demandados por las propias personas.

martes, abril 17, 2018


“Los dispositivos de abordaje y vinculación deben pensarse desde la posición que asume el acompañante y el acompañamiento como equipo de trabajo interdisciplinario, donde la posición subjetiva del hacer - de la práctica concreta- con uno mismo, debe configurarse para luego junto con un otro/s, habilitar herramientas e instrumentos necesarios de autonomía”
Los asistentes toman nota en el apunte del primer encuentro del curso.
Y desde allí con un interesante bagaje teórico y vivencial en el plano de las experiencias en el ámbito de acompañamiento, Lic. Maximiliano Peverelli fue compartiendo las tramas y subjetividades puestas en el transitar de los AT, pensado y reconstruyendo prácticas y abordajes e inquietudes en cuanto al acompañamiento terapéutico como dispositivo y su función clínica en el contexto cotidiano y  la figura del coordinador como lugar de la “terceridad” en el equipo de trabajo.

Claro y concreto Maximiliano Peverelli compartiendo su experiencia en la temática
Como poder ir acompañando para la narración de biografías personales,  proponiendo espacios autónomos  y flexibles en aquello que acontece y se debe tramitar y resolver allí en la situación de acompañamiento,  borrando las marcas de lo temporal o esperado, como saberes recetas o de preeminencia del saber académico.
El acompañante debe gestionar esta puesta en la escena cotidiana desde una clínica compleja que se lleva a cabo en espacios delimitados, lo que requiere una formación rigurosa y específica, construyendo un dispositivo particular con prácticas propias, que incluyen los afectos, el cuerpo y sus subjetividades para poder desde allí proponer algunas alternativas y facilitar el encuentro.
Y así, iniciamos un nuevo año de formación con muchas inquietudes y preguntas, encontrándonos en el trabajo vivencial y subjetivo que implica el acompañamiento  terapéutico, entre sujetos con subjetividades diversas que se vinculan en cada situación con demandas y sentires, tensionando el encuentro, y siempre en la posibilidad de pensar distintas líneas de abordaje según quienes sean los sujetos participantes.

jueves, abril 05, 2018

Hace unos días, en las oficinas de la fabrica Volkswagen en Córdoba, tres jóvenes trabajadores lograron luego de un largo camino, el reconocimiento definitivo de la empresa como miembros efectivos de la planta.  Jóvenes que ingresaron hace algunos años a la fábrica, para transitar una experiencia de inclusión laboral, con el acompañamiento y apoyo de nuestra institución. Y desde donde fueron construyendo un lugar de respeto, reivindicación y ejercicio del derecho al trabajo digno, y que lograron sellar con la firma de sus contratos laborales.

Se trata de Sabina Valdéz, Diego Sourenian y Gonzalo Gordillo, quienes desde este año son trabajadores efectivos del Centro Industrial Córdoba, el nombre con que desde Volkswagen denominan a la planta automotriz que la empresa tiene en nuestra ciudad. 

En el momento de la firma representantes de la empresa y de APADIM expresaron algunas palabras sobre la articulación que la institución y Volkswagen vienen desarrollando hace muchos años para promover procesos de inclusión laboral en la planta; así como lo significativo de este paso tanto para los trabajadores, como para sus familias y para el resto de los equipos de trabajo. Además participaron representantes gremiales y familiares.
En las fotos que siguen está retratado el momento de la firma de los contratos de trabajo de Sabina, Gonzalo y Diego, que a la vez representa sus conquistas y el inicio de una nueva etapa en sus proyectos de vida. ¡Felicitaciones!


Las fotos son gentileza del área de RRHH de Volkswagen Argentina
Sabina en el momento de la firma.
La Lic. Norma Baratta comparte algunas apreciaciones en nombre de APADIM Córdoba
Representantes de la empresa también se refierieron a este momento.
Diego y su turno para la firma de su flamante contrato de trabajo.
Gonzalo firma su concrato que lo convierte en trabajador efectivo de la planta local.
Foto general de los trabajadores junto a compañeros, familiares y demás miembros de la empresa.

viernes, marzo 09, 2018


El lunes y martes se llevaron medidas de paro y movilización docente que afecto el inicio de clases en buena parte de las escuelas del país.
Desde la institución hemos acompañado las reivindicaciones por la dignidad y la valorización del trabajo de nuestros compañerxs y sabemos que es una decisión que lleva mucha reflexión y una discusión colectiva que plantea modos de enseñar y un posicionamiento al respecto.
Iniciamos un nuevo año lectivo que nos convoca a pensar y a repensarnos como parte de este camino que elegimos transitar desde el compromiso, el aprendizaje y el respeto, posibilitando saberes valiosos y experiencias de vida.
Celebramos el encuentro educativo afirmando que el aprender es un derecho que debe garantizarse y que es desde allí donde iremos juntos construyendo nuevos procesos de enseñanza y aprendizajes
¡Buen inicio estudiantexs y trabajadorxs de la educación! 
Distintas imágenes de los estudiantes de los distintos niveles en el inicio de clases.




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