martes, mayo 20, 2008

A sólo 10 minutos del centro y a 20 cuadras de la Central de Policía, en ese barrio se consigue todo tipo de estupefacientes.
El rubio adolescente, al que aún le falta un buen tiempo para cumplir los 18 años, con un ademán despide a sus compañeros de curso, enciende su ruidosa motito y desaparece por la bajada del Cerro. Atrás queda un pupitre vacío en el aula del colegio privado en el que está inscripto. En el cruce de Octavio Pinto y avenida Caraffa, el ciclomotor sigue por la primera, pasa el puente La Tablada y, en contramano, llega a un pasaje de Villa Páez, bien cerca de la Costanera de la ciudad de Córdoba, donde ya lo conocen. Saluda a uno o dos niños de no más de 12 años y saca un papel con anotaciones similares a las que llevaba en la mano años atrás cuando hacía los mandados de su madre. Ahora, en lugar de “pan”, “leche”, “molida”, “prepizza” o “lechuga”, la birome dibuja “porros”, “cocaína” (“merca”) y “pepas”.
El joven entrega el papel y un bollo de billetes a los niños, que se pierden en las casas del pasaje. Pocos segundos después, los pequeños regresan con el pedido, bien disimulado. Otra vez la motito chilla y en escasos minutos el adolescente estaciona en la puerta de su escuela, en la zona noroeste de la ciudad de Córdoba, donde alumnos del secundario lo esperan con ansias. Dos o tres veces por semana, la rutina se repite.
El narcotráfico en Córdoba reproduce el mismo comportamiento de otros lugares del mundo. En la década de 1980, al estudiar sus fusibles, el filósofo Michel Foucault advirtió: “El tráfico de droga se despliega sobre una especie de tablero de ajedrez, con casillas controladas y casillas libres, casillas prohibidas, toleradas; permitidas a unos, prohibidas a otros. Únicamente los pequeños peones son situados y mantenidos en casillas peligrosas. Para los beneficios sustanciosos, la vía está libre”.
Hoy, el joven dealer lucha todos los días en una granja de recuperación de adictos. A los “narcos” no les importa su suerte. Nacido en un hogar de clase media-alta, el rubio fue un engranaje más de la densa telaraña que teje el narcotráfico en la ciudad, que somete a ricos y pobres. El destino del precoz dealer (distribuidor), historia que todos los días se renueva en la ciudad, poco tiene que ver con el recorrido de los distribuidores.
Mientras el adolescente se enfrenta con los fantasmas que pululan en su mente, la droga continúa vendiéndose con impunidad en distintos barrios. “Villa Páez es un shopping de la droga”, describe uno de los pocos vecinos de la zona que se anima a hablar. El hombre asegura que a diario aparecen autos “caros” en los que viaja gente que va a comprar estupefacientes. Entre esos vehículos, destaca algunos en los que se mueven personajes “famosísimos” de la ciudad. “Vienen a comprar de todos lados, de cualquier clase social. ‘Chetos’ y ‘gronchos’”, aclara. “Lo más alevoso –sigue describiendo– es cómo está distribuida la venta: en algunas cuadras se ‘especializaron’. Así, en una casa se venden sólo porros, en la de al lado, cocaína, y en otra, pastillas”.
En realidad, el comercio de estupefacientes está repartido entre Villa Páez, Marechal y Villa Siburu, en una suerte de línea que atraviesa el sector, de una punta a la otra de la Costanera.

Neurálgico. Villa Páez está ubicado en un sector neurálgico de la ciudad, según el complejo entramado que ha tejido el narcotráfico. A sólo 10 minutos del centro y a menos de 20 cuadras de la Jefatura de Policía, el barrio es un nexo clave entre las cocinas de la zona este de la ciudad (Colonia Lola, Maldonado, Acosta, Renacimiento) y los consumidores más pudientes del sector noroeste. Incluso, la red involucra poblaciones del Gran Córdoba. Por caso, los informantes señalaron a un Volkswagen Polo rojo, manejado por un vecino de Villa Páez, que abastece de cocaína y porros al barrio Gobernador Pizarro, de Unquillo, donde la venta al menudeo aumenta día a día. También, dijo una fuente empapada en el tema, son “narcos” con fuerte presencia en Villa Páez los que regentean prostíbulos escondidos en viviendas que alquilan en la zona de Cabana.
“Dealers” conocidos. Según describen trabajadores sociales y vecinos del sector (todos pidieron que sus identidades no sean reveladas), Villa Páez es administrada en parte por los “narcos”, que se aprovechan de la pobreza para armar bandas organizadas que, con diferentes tentáculos, cubren gran parte del espectro social. Niños de corta edad son los encargados de recibir los pedidos al menudeo en las veredas, para luego ir a buscar la droga en las casas donde se la esconde. Los adolescentes, en tanto, son los “perros”: adictos que pronto se endeudan con sus proveedores y quedan reducidos a fidelidad de por vida hacia ellos. De esta manera, son empleados, entre otras tareas, como “vigiladores”, para que estén atentos a cualquier movimiento “extraño” en el sector, a pesar de que parece, a simple vista, que están todo el día sin hacer nada, sentados en la vereda. Además, muchos señalan a familias que alojan a “mulitas” que en sus estómagos traen la droga desde Bolivia, en cápsulas.

Zapatillas colgando, una señal de que en la zona hay droga. Foto: LaVoz / Ramiro Pereyra
En el barrio, según las fuentes a las que este diario accedió, nadie sabe con certeza quién está por encima de todo el negocio. Aseguran que se trata de gente “muy poderosa” que jamás aparece por el sector, aunque la mayoría apuntó a una mujer. Los que sí están muy bien identificados son los pequeños “jefes”, que comercializan y distribuyen droga en el sector. “Dante”, “Z.”, “Gordo M.”, “Gordo N.” (en este caso, un reducidor de objetos robados por menores adictos), “la Lora”, “el Alberto” y “el Porteño” son algunos de los nombres que aparecen siempre que alguien del barrio se anima a tocar el tema.
También las casas que funcionan como boca de expendio son señaladas con facilidad. Además de direcciones precisas, los informantes apuntan a una lomitería ubicada sobre una avenida (a pocas cuadras de Villa Páez), donde acopiarían pastillas de Rohipnol (un ansiolítico cuya venta está prohibida) y éxtasis.
Vía Santa Fe. En contra de la creencia general, los informantes aseguraron que la pasta base y el resto de los estupefacientes no ingresa en la provincia por las rutas que comunican al norte, con Bolivia. “Esos caminos están muy controlados por la Policía. La droga ingresa en Córdoba por las fronteras con Santa Fe, que son muchas”, confía un vecino. Hasta hace pocos meses –apunta–, los principales abastecedores de Villa Páez eran gente que respondía a las órdenes de un narcotraficante de la zona este de la ciudad, conocido como “el Gallo”, que hoy está tras las rejas de Bouwer, procesado. A pesar de que este “narco” jamás consumía, la Policía informó que lo encontraron con algunos kilos de cocaína en su auto. Todas las fuentes consultadas por este diario sospechan que lo intimaron a caer preso. “Cuando se mueve el avispero (es decir, cuando se arma un revuelo público por el tema droga), la Policía tiene que detener sí o sí a alguien.
Entonces, otros ‘narcos’ convencen a uno de ellos de que se tiene que entregar, que debe ir preso unos meses o años ‘para calmar la bronca’; eso sí, le aseguran que a su familia, afuera, no le faltará nada”, explica el confidente. Como ocurre en otros sectores plagados de droga, los vecinos manifiestan su desconfianza hacia la Policía. Refieren que en varias oportunidades vieron patrullas del Comando de Acción Preventiva (CAP) estacionadas frente a las viviendas donde se venden estupefacientes. “Sólo nos queda pensar dos cosas graves: o están comprando o están parados ahí y no ven que están vendiendo (droga)”, denuncian.


APADIM Córdoba. Comunicación Institucional. Contactos comunicacion@apadim.org.ar

2 comentarios :

Anónimo dijo...

LA CUESTION ES ASI: YO HE VIVIDO EN EL BARRIO, TENGO CONOCIDOS EN EL BARRIO Y SE QUE HAY MUY BUENA GENTE, GENTE TRABAJADO Y HUMILDE EN ELLA. HOY EN DIA SE VE EN LA CALLE ROFFO (PEDRO ZANNI Y SILVESTRE REMONDA) O EN PEDRO ARATA ENTRE OCTAVIO PINTO Y CLERMONT, EN LOS PASAJES COMO SE VENDE DROGA, Y COMO CONTABA EL ARTICULO, SE VEN AUTOS DE ALTA GAMMA COMPRANDO, CHICOS DE BIEN COMO SE LES SABE LLAMAR O GRONCHITOS TAMBIEN. LA POLICIA HACE COMO QUE NO PASA NADA, Y ESTO SIGUE, DIA A DIA SIGUE, SIN DUDA QUE ELLOS RECIBEN ALGO A CAMBIO DE SU VISTA GORDA. ESPERO ALGUN DIA PODER VOLVER AL BARRIO Y NO ENTRARME MAS CON TODO ESTO. ESPERO QUE ESTOS DATOS PUEDAN SERVIR Y CAMBIEN LAS COSAS ALGUN DIA.

Anónimo dijo...

q onda???yo vivo en villa paez y siempre vivi hay yo se en donde venden drogas todo,todos dicen q en todo villa paez venden droga pero es mentiira yo soy un pibe de 14 años y siempre fuii al colegiio mis padres son gente q laburan todos los dias asi como yo voy al cole a estudiiar TODOS LOS DIAS,dejen de hablar jiladas y si aca venden droga pq no vienen y le hacen allanamiento???policia pelootuudaa,yo vivo en el mediio de villa paez,enciima siempre en donde venden drogaa van muchos poliicas a comprar y si no me creen agan la pruuebas pero porfaavor dejen de hablar jiladas sobree VILLA PAEZ,chau manges de infelicez,LLORA POLIICA CULIADA LORRA POLIICA CULIIADA

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