"Hoy, tanto la escuela pública como la privada son mediocres".

Entrevista a Juan Carlos Tedesco, ministro de Educación de la Nación.
De visita en Córdoba, Tedesco insistió en que hay que mejorar la calidad de las instituciones de ambas gestiones. Dijo, además, que dentro de 10 ó 15 años, el 80 por ciento de los alumnos deberían finalizar el secundario.

Apesar del calor y la frondosa agenda que lo trajo a Córdoba, el ministro de Educación de la Nación, Juan Carlos Tedesco, no parecía cansado en la calurosa siesta de ayer. Antes de conversar con La Voz del Interior , posterior al almuerzo y previo a la reunión con los representantes del Consejo de Políticas Educativas de la cartera provincial, Tedesco había participado del inicio del ciclo lectivo en el nivel superior y cortado las cintas en la escuela Norma Quartino del plan nacional "700 escuelas" en barrio La Floresta de la Capital.
En despacho prestado, el del ministro local Walter Grahovac, Tedesco anunció tres cuotas extra al incentivo docente en el segundo semestre (ver página 5A), y estimó que en una década comenzarán a verse los resultados de la educación secundaria, obligatoria en su totalidad.
En una charla amenizada con
café amargo, Tedesco subrayó también que no es posible hablar de una escuela estatal mala y una escuela de gestión privada buena. "Hoy las dos son mediocres. Tenemos que hacer un esfuerzo por mejorar todo".

¿Cuántas escuelas faltan en el país para garantizar la
obligatoriedad del secundario?
–Es difícil dar un número para todo el país porque las
realidades jurisdiccionales son muy diferentes. En ciudades como Buenos Aires, Córdoba, Mendoza seguramente el déficit no es muy grande... Hasta ahora el nivel medio era selectivo y era más o menos normal que tuviéramos cinco divisiones de primer año y una de sexto. Ese desgranamiento era considerado natural porque el secundario no era considerado para todos; se iban y eso no era un problema. Hoy no debería ser así. Si hay cinco de primero tiene que haber cinco de sexto. No hay que pensar tanto en crear edificios nuevos sino en aumentar la cantidad de aulas.
¿Cuáles son los cambios que
pretende la Nación en el nivel medio?
–Hay que asumir la idea de la obligatoriedad. Todos tienen
que terminar la secundaria y esto, más allá de las medidas que podamos tomar, nos lleva a una acción muy profunda en términos culturales. Tiene que ser asumido por las familias, los profesores, los estudiantes y por la sociedad que admita que en la Argentina el piso mínimo educativo es el final de la secundaria.

Tedesco inauguró una escuela en barrio La Floresta. Dijo que los sectores pobres necesitan las mejores escuelas. Foto: LaVoz / Ariel Carreras.

¿Qué supone el cambio cultural?
–La familia ya no va a poder decir que como al chico que no le va bien en la escuela lo manda a trabajar. Los profesores no van a poder seguir diciendo que si el chico no rinde, lo aplaza y que se vaya; y la sociedad, desde el punto de vista de la distribución del ingreso y la riqueza, tiene que empezar a garantizar a las familias ingresos para que no necesiten enviar a sus hijos a trabajar antes de que terminen la secundaria. El concepto de obligatoriedad vale para todos.
¿Qué pasa si una familia no obliga a su hijo a terminar?
–Depende. No es lo mismo que una familia no lo haga por desidia a que no lo pueda mandar porque la sociedad no le está dando condiciones de vida dignas y de trabajo. Nos pasó lo mismo con la Ley 1.420 de educación primaria obligatoria. Se sancionó en 1884 cuando no había escuelas, no había maestros, no había nada. Hubo que trabajar mucho para que se cumpliera. Lo pudimos cumplir casi 80 años después. Recién en la década de 1960 Argentina pudo mostrar que tenía el 95 por ciento sus chicos, entre 7 y 14 años, en la primaria. Y en esos 80 años, apelar a castigar al padre porque no mandaba su chico a la escuela era injusto porque podía decir: "deme trabajo, págueme un salario digno". Estos son procesos sociales, culturales, económicos que hay que mirarlos en perspectiva.
¿Nos llevará otros 80 años que los chicos terminen el secundario?
–No creo. Ahora los procesos son más cortos. Creo que en la Argentina deberíamos estar en condiciones de mostrar en 10 ó 15 años que el 80 por ciento de sus muchachos y muchachas finalizan el secundario.
¿Le alarma las cifra de fracaso?
–Por supuesto. Son muy alarmantes los índices cuantitativos de abandono, de repetición. Igualmente alarmantes son los índices cualitativos cuando tomamos las pruebas de medición de calidad y al final del secundario tenemos porcentajes muy altos de jóvenes que no logran niveles relativamente básicos en Matemática, Lengua y Ciencia. Estamos con problemas serios. Y por eso estamos trabajando. El cambio en la secundaria implica cambios curriculares, cambiar criterios de evaluación, tenemos que formar a nuestros docentes adecuadamente. Estamos dándole mucha importancia a los saberes básicos en Matemática y Ciencia, y ponemos mucho énfasis en la Lengua.
¿Es suficiente?
–Queremos avanzar en una estrategia que es muy importante: la autoevaluación institucional. La medición de resultados es una especie de fotografía, un termómetro: mide la temperatura del sistema. Esos resultados pueden responder a causas y procesos muy diferentes. Es muy importante que la institución trabaje en qué le está pasando. Tanto si le va bien como si le va mal. Una de las líneas es la de tener más trabajo en equipo. Hoy tenemos una secundaria muy fragmentada: el profesor de Historia es profesor de Historia, no se considera profesor de la escuela sino de la materia. Queremos que sea profesor de la escuela, que trabaje con sus colegas, que diagnostique, que siga las trayectorias de aprendizaje de los alumnos. Tenemos que llegar a un punto en que haya un vínculo profesor-alumno (...) La autoevaluación la estamos ensayando en un grupo de establecimientos y este año queremos ir masificando esta idea. A partir de ahí planificar estrategias.
En los últimos años se observa un corrimiento de la escuela estatal a la de gestión privada. ¿Cómo analiza el fenómeno?
–Hay que mirar este fenómeno con mucha atención. En parte, son familias que vuelven a la escuela privada que habían dejado en la época de crisis. En otros casos son familias que ante la imagen de la escuela pública deciden cambiar. Y en otras zonas del país se da a la inversa. En la Rioja y Tucumán se produce un incremento de la matrícula pública. Más allá de estos vaivenes, el gran desafío es mejorar la calidad de la educación pública, sea privada sea estatal. Hoy las dos son mediocres. No es que tengamos una escuela muy buena y otra muy mala. Tenemos que hacer un esfuerzo por mejorar todo (...) Existe la representación social de que la escuela estatal es de muy mala calidad. No es cierto. Hay escuelas privadas también de muy mala calidad.

Fuente: La Voz del Interior.

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