La cuestión de género y el poder en la Facultad de Ciencias Sociales

Publicamos este interesante artículo de Carlos Eroles, especialista en Discapacidad y Derechos Humanos de la Universidad de Buenos Aires, respecto de la cuestión de género en los espacios directivos de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. El texto lo envía la Lic. Sonia Ghirardo.
"La cuestión de género y el poder en la Facultad" de Ciencias Sociales.
Por Carlos Eroles.
Uno de los temas dominantes en las últimas décadas ha sido la cuestión de género. En rigor en Argentina, a raíz de la presencia retardataria de la dictadura militar, puede hablarse de una segunda ola de feminismo, a partir de la década del 80, donde los estudios de género, se encuentran con el concepto de ciudadanía activa. Es decir no solamente se plantea la equidad de género, sino también la participación de las mujeres en la búsqueda de espacios de poder.
En estos años se ha desarrollado la más importante producción académica sobre el tema y en los ámbitos internacionales se dieron a conocer importantes convenciones y otros instrumentos internacionales sobre la igualdad entre los géneros, la no discriminación, la erradicación de toda forma de violencia y el establecimiento de metas, por ejemplo aquella que habla de aumentar la participación de la mujer en ámbitos decisorios (meta 9, objetivo IV “Objetivos del Milenio”.
Así la Convención para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer, es recién ratificada por Argentina en 1985 y queda incorporada a la Constitución Nacional en 1994. En es mismo año tiene lugar la importante Conferencia del Cairo sobre Población y Desarrollo y a nivel interamericano se aprueba por la OEA la Convención de Belem du Pará, sobre erradicación de la violencia contra la mujer. En 1995, en la Cuarta Conferencia Internacional sobre la Mujer, se aprueba la Plataforma de Acción que define la igualdad entre hombres y mujeres como una cuestión de derechos humanos.
Si bien es cierto no ha sido, mirando la historia del siglo XX, el único momento significativo de protagonismo social y político femenino –vale aquí el recuerdo del liderazgo de Eva Perón y el establecimiento del voto femenino-, sí lo es, teniendo en cuenta la masividad del proceso vivido, en todos los ámbitos: político, familiar, laboral, económico, académico.
La mujer llegó a ellos para quedarse y demostró con su presencia que podía seguir siendo femenina, con apariencia frágil, bonita, elegante y desempeñarse a la par y en muchas ocasiones por encima del hombre, en el ejercicio de diversas funciones de conducción, que requieren dotes de autoridad y una notable fortaleza.
Hoy, son muy pocas las instituciones y las organizaciones de la sociedad civil, que niegan los derechos de la mujer y quedan cada vez más relegadas frente al conjunto de la opinión pública.
Es casi inimaginable que en alguna universidad pública argentina, alguien expresara su oposición por la condición de mujer de una candidata a rectora, como argumento válido electoral. Lo cierto es que ya son varias las mujeres que han sido o son rectoras de universidades argentinas como Cuyo, Comahue, Lanús, Salta, Córdoba, Luján.
En este marco las facultades de Ciencias Sociales de todo el país, pueden decir con orgullo que son el asiento de cátedras y de equipos de investigación de punta en materia de estudios académicos de género. De no mediar el temor a ser injustos por alguna omisión involuntaria podríamos citar decenas de nombres de profesoras e investigadoras que enaltecen nuestra Facultad de Ciencias Sociales en este campo.
Revistas, publicaciones, libros, informes de investigación, material de cátedras forman un contenido significativo, que habla de la importancia adquirida por el tema y del activo protagonismo de la mujer en este campo.
Son varios los centros de estudios que en todo el país abordan esta temática, sostenida también por un extenso movimiento social que tiene varias manifestaciones.
En otro plano, muchos movimientos religiosos han comenzado a plantear la cuestión de género con variada suerte nivel de sus iglesias. En algunas denominaciones protestantes y judías, las mujeres tienen acceso al sacerdocio e incluso a la categoría de obispos, como lo es el caso de una importante iglesia histórica, como la metodista, donde la conducción la ejerce una mujer, con el título de obispa. En otros casos, no hay participación de las mujeres en el sacerdocio como ocurre en la Iglesia Católica, varias denominaciones protestantes y algunas corrientes judías y musulmanas. Pero comienzan a surgir en su seno expresiones que solicitan cambios.
¿Qué pasa en nuestra Facultad de Ciencias Sociales?
Conozco mujeres de primer nivel, en cada una de las carreras de la Facultad que enaltecerían con su presencia las listas de las próximas elecciones. Y digo “las listas”, porque de estas mujeres dotadas para la conducción las hay de todas las ideologías democráticas que coexisten en la Facultad.
Hoy se dan dos situaciones más que injustas, ridículas, en nuestra Facultad. Tanto la conducción, como el gabinete son uniformemente machista. Ningún pie de mujer orada con su presencia, los espacios de conducción reservados exclusivamente para el uso masculino segregado.
¿Casualidad? ¿Hecho desafortunado? ¿Realidad inexplicable? Lo cierto es que borramos con el codo lo que firmamos con la mano, en cuanto a la igualdad de género. ¿Puede considerarse hoy democrática una facultad de ciencias sociales, que no tenga en su binomio de conducción, al menos una mujer?
A nivel de los cargos de conducción en los casi veintiún años de existencia de nuestra Facultad de Ciencias Sociales, nunca hubo un binomio mixto y tanto los decanos como los vicedecanos fueron hombres. Recordemos sus nombres: Margulis, Portantiero, Mallimacci, Schuster. Todos ellos han enaltecido a la Facultad con su paso por la gestión. Tres de ellos egresados de Sociología y uno de Filosofía.
Hoy se dan dos situaciones más que injustas, ridículas, en nuestra Facultad. Tanto la conducción, como el gabinete son uniformemente machista. Ningún pie de mujer orada con su presencia, los espacios de conducción reservados exclusivamente para el uso masculino segregado.
¿Casualidad? ¿Hecho desafortunado? ¿Realidad inexplicable? Lo cierto es que borramos con el codo lo que firmamos con la mano, en cuanto a la igualdad de género. ¿Puede considerarse hoy democrática una facultad de ciencias sociales, que no tenga en su binomio de conducción, al menos una mujer?

Tal vez ha llegado el momento para que un profesor/a de Relaciones del Trabajo, Ciencias de la Comunicación o Trabajo Social, se desempeñen como Decano/a o Vicedecano/a y que otro u otra, integren un binomio, si es posible mixto.Y también que tengamos un gabinete de secretarios con pluralidad de género.
De esta manera tendremos una mayor autoridad para hablar de temas de igualdad, participación y acceso paritario a los máximos niveles de conducción, dado que ello ya lo hemos conseguido en nuestra propia unidad académica.
No nos vaya a ocurrir como en el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas, que a más de veinticinco años de su creación sigue gobernado por un blanco, con el argumento que las distintas etnias indígenas no podrían ponerse de acuerdo sobre la figura de un presidente indígena.
Son muchas las mujeres posibles de postular para decanas, con las que he conversado el tema y que dicen “la conducción de la Facultad no puede reducirse a una cuestión de género.” Es cierto. Pero ello es tan válido para nombres de mujeres como de hombres.
Ningún argumento es válido frente a una injusticia, que en este caso, se parece más a un desatino. Espero que en este aspecto también podamos hablar de cambio en el próximo acto electoral.

Buenos Aires, Día de la Mujer, 8 de marzo de 2009.

Lilian Ferro “Estudios de género y participación política en Argentina, desde los 80”, Ciudad Política, en página web del 10/6/2006

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