Los chicos dicen que repiten por “vagancia”.

El Instituto Monseñor De Andrea tiene cursos específicos para alumnos repetidores. El año pasado, 80% pasó con éxito.
"El único tope es no superar los 25 alumnos en un primer año de repetidores", admite Fernando Salia (40), director del Instituto Secundario Monseñor De Andrea. El establecimiento en avenida Vélez Sársfield 236 ha cobrado una genuina popularidad, a partir de una filosofía opuesta a la que suele cundir en el nivel medio. No sólo no rechazan alumnos, sino que también toman a los que reprobaron en otros, y los reencauzan dentro un proyecto especial.
Como de costumbre, la mayor dificultad es presupuestaria, ya que "todavía no salió el subsidio", confiesa Salia. El Instituto De Andrea es privado, con cuotas muy bajas. Su alumnado proviene de barrios distantes, generalmente modestos. La oferta es novedosa si se tiene en cuenta el alarmante número de chicos que cada año se queda de año. Aunque no hay cifras oficiales, los casos son muchos, y los chicos admiten que repiten por porque no estudian.
La semana pasada comenzaron las clases. Arrancó un nuevo primer año, compuesto mayoritariamente por repetidores. Esa veintena de adolescentes, grandes protagonistas de la actual encrucijada educativa, asume la "culpa" por los aplazos que los depositaron en el Monseñor De Andrea. A ninguno se le mueve un pelo del jopo que, prolijamente armado, les atraviesa la frente flogger o por el estilo. En esta etapa de sus vidas, les resulta mucho más fácil peinarse que expresarse. Prácticamente todos aseguran haber reprobado "por vagancia".
Cronista y docentes tratan de ahondar en esa respuesta, casi monosilábica. Con algún esfuerzo, va emergiendo el entorno institucional y familiar que propicia o naturaliza el fracaso. Cambio de actitud. Lejos de tener miedo a la mala fama, esta escuela ha demostrado que los chicos cambian de actitud apenas pisan el umbral. Algo les hace recuperar la autoestima.
Fernando Salia cuenta cómo se trabaja en el curso de repetidores del Instituto Monseñor De Andrea. Foto: Raimundo Viñuelas.
El proyecto de recuperación de repetidores debutó el año pasado. Treinta y cinco chicos de 36 completaron el primer curso, y 32 promovieron a segundo año. Quizá el único secreto, además de la voluntad, es el tamaño del colegio: sólo 256 alumnos en total, distribuidos en dos turnos. "Ahora Lourdes va tan contenta a la escuela... Es otro ambiente y el uniforme es sencillito, pero lindo", confía una mamá y empleada doméstica, cuyos hijos fueron "dados de baja" en un populoso secundario de Santa Isabel.
Ocio o aprendizaje. Pero es real que el ocio juega un rol preponderante. El instituto queda muy cerca de "uno de los mayores ‘factores de riesgo’ de la escuela secundaria", coinciden el profesor Salia, una docente y la preceptora, en alusión al Patio Olmos. La celadora no tiene empacho en reconocer con cuánta frecuencia sale "a rastrear y traer de vuelta a alumnos", del centro comercial. En todos los casos, la premisa es no dramatizar.
"Son adolescentes; les toca un mundo particular; hay que construir lazos con ellos, y encontrarles la vuelta", resume el director. Como ejemplo muestra el video y la carpeta de lombricultura (cría de lombrices), una actividad áulica y de campo desarrollada por la profesora de Ciencias, Laura Perasso (27), en la que los chicos se enganchan con entusiasmo. En la misma línea, Salia considera irrisorio que, hoy en día, un profesor "no maneje el e-mail, el chat, las formas de comunicación de estas generaciones". O que piense que enseñar es decir: "Abran el libro, o la guía, y estudien de tal a tal página".
Datos nacionales.El año pasado, el Ministerio de Educación de la Nación difundió los siguientes datos censales: 301.073 jóvenes habían egresado del secundario en Argentina en 2002; en 2006, lo hicieron 255.196. Son 45.877 menos.En un lustro, el país perdió casi 10 mil estudiantes por ciclo.
Menos inscriptos. En el mismo lapso, la matrícula del secundario, es decir, los que se anotan para cursar, tuvo 141.544 inscriptos menos. La enseñanza de adultos registró 48.481 inscriptos, aunque no todos terminan. De cada 100 alumnos que este año comienzan el secundario en Buenos Aires, sólo 38 lo completarán en tiempo y forma (informe de la Asociación por los Derechos Civiles/ADC).
Córdoba dista de ser la excepción en un cuadro que abarca a casi todas las provincias y empeora en la de Buenos Aires. Los últimos datos de repetición disponibles son de 2007. El nivel de fracaso en el nivel medio es de 12,38 por ciento. El 15,78 por ciento en el Ciclo Básico Unificado (CBU) y 6,96 por ciento, en el Ciclo de Especialización (CE). Repetición y sobreedad son dos grandes desalentadores del nivel medio. Pero hay formas de encontrarle la vuelta a esa realidad, sostienen Fernando Salia y otros directivos.
Fuente: La Voz del Interior.

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