La crisis de la salud pública en Argentina.

La epidemia de dengue, ha demostrado que tenemos un sistema sanitario endeble e ineficiente, por olvido, omisión, incompetencia de la mayoría de los funcionarios, y por la carencia de todos de una visión totalizadora e integrada de la salud a lo largo del tiempo. Si los gobiernos no comprenden que la salud es una parte indivisible de los procesos de desarrollo económico y a su vez resultado de estos, es muy difícil que los argentinos tengamos niveles aceptables de salud. Si se va a seguir asistiendo a la salud con lo que sobra o lo que queda de los ingresos producidos por ese desarrollo, después de ser asignados de manera poco o nada criteriosa, y no con los recursos que aquella realmente necesita como partes de un proceso de justicia retributiva, problemas como el que padecemos van a seguir ocurriendo pero agravados, porque la salud de la población no es prioritaria. No podemos asignarle toda la responsabilidad de esta situación a este gobierno, (...) Desde hace 33 años todos los gobiernos (incluido este) han contribuido con una cuota parte a la construcción de esta triste realidad, porque tuvieron un común denominador: procesos económicos que con diferentes formas y en distintos grados fueron concentrando la riqueza en cada vez menos manos, condenando a la exclusión y la pobreza a vastos sectores del pueblo. En todo este periodo ha faltado eso que suena tan bien en los discursos de los políticos, “una justa distribución de la riqueza producida”.
En lo que si este gobierno ha superado a los otros es en su pretendida “capacidad” de negar, ocultar, deformar los hechos. Debe hacerlo porque para su pretendido perfil “progresista”, el dengue es un “testigo de cargo” (como en su momento lo fue el cólera) molesto y peligroso del crimen de la miseria y la marginación de cada vez mas argentinos en un país suficientemente rico en donde todo esta por hacerse. Claro que desinformar a la población en casos de emergencia sanitaria como el que vivimos, que le imposibilita preparase para protegerse, es algo más que irresponsabilidad, es una actitud criminal. La afirmación, no sólo del gobierno, de que el dengue no es una enfermedad de la pobreza, pero que esta “contribuye” es una falacia (...) el dengue es una oprobiosa enfermedad de la pobreza, que la padecen mayoritariamente los pobres, como otras que están reapareciendo a lo largo de este prolongado y penoso proceso de empobrecimiento que venimos soportando"...
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Autor: Antonio Mitre. Comisión Directiva APADIM Córdoba.
Públicado originalmente aquí

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