jueves, junio 11, 2009

El proyecto pedagógico se convirtió en escuela. En 2008 tuvo 900 alumnos.
Como serán de dedicados y perseverantes los docentes y alumnos del proyecto “Atrapasueños” del Hospital de Niños que ahora ya es escuela. La evolución de este paciente siempre favorable: en 2002 era proyecto; en 2008, programa y en mayo de 2009 se convirtió en escuela. Ayer fue el festejo oficial. Alegría y muchos aplausos, con el ministro de Educación provincia, Walter Grahovac presente.
Con su nueva categoría, la escuela “Atrapasueños” ahora podrá evaluar y promocionar a sus alumnos. Antes sólo servía de apoyo pedagógico para que los niños luego rindieran en otra escuela. El año pasado pasaron por sus aulas 900 chicos de los niveles inicial, primario y medio.
Algunos de ellos participaron ayer de los festejos y actuaron. Entre ellos Jonathan que dice: “Si me tratan como enfermo me quitan las ganas de vivir”. Aclaró que tiene ganas, a pesar de su fibrosis quística. Ayer le sacó lustre al suelo de tanto bailar con maestras y con Anahí, una bailarina tilcareña que antes regaló a los presentes varias coplas junto con madre y una amiga.
En tanto, Axel cantó Para mis ojos más bellos y Llegó la patrulla, acompañado de su guitarra, regalo de las médicas del hospital.
Ana Lía Elizate, la primera directora en la historia de la escuela, cuenta que el proyecto fue creciendo con los chicos. Recién hace dos años incorporó el nivel medio. En total, son más de 20 maestras, entre las que enseñan en el hospital y las que dan clases domiciliarias a paciente que deben hacer reposo por varias semanas en sus casas.
“Aprendimos a trabajar en la inmediatez y la urgencia, entre médicos que van a vienen y al lado de los padres”, dice la directora. Más allá de los contenidos curriculares, el valor fundamental de una escuela hospital es transformar a pacientes en alumnos.
“Cuando un niño vuelve a ser alumno, recupera el sostén, la identidad y la compañía de la escuela. La escuela ordena la vida del niño y le transmite una visión de futuro”, cuenta Elizate.
La diferencia con una escuela común es que las normas son más flexibles. “Un alumno puede faltar, puede no rendir un examen. Lo prioritario es que continúe en la escuela. Se pueden hacer adaptaciones y recortar contenidos para asegurar la permanencia en la escuela en el tiempo, ritmo y forma que el alumno pueda", explica la directora.

Fuente: La Voz del Interior.


APADIM Córdoba. Comunicación Institucional. Contactos comunicacion@apadim.org.ar

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