La escuela que recibe a los que vuelven.

El Ipem 134 tiene un turno especial para 120 alumnos repetidores o que abandonaron y regresaron.
A la derecha de la puerta que
conduce a la dirección del Ipem 134 Regino Maders, en barrio General Bustos, dos afiches de color recuerdan las normas de convivencia: está prohibido utilizar celular o concurrir al colegio sin el uniforme. Cerca de la puerta de ingreso, el preceptor revisa papeles sentado en un banco de madera. No tiene oficina ni mesa donde apoyarse.
Cae la tarde y el "vespertino" (abierto de 16 a 20.15) despierta en un espacio único en la
provincia. El edificio con carencias recibe a 120 chicos con sobreedad. Son aquellos pibes que sobrepasan la edad adecuada para determinado curso.
Todos arrastran fracasos
escolares vinculados a historias personales con tropiezos. La mayoría también acarrea rechazos. Las escuelas no quieren o no pueden recibirlos porque el aprendizaje es difícil cuando en un aula conviven niños de 12 años con adolescentes de 16.
"Es el único colegio que te sigue aceptando. Es importante
terminar y lo voy a hacer, aunque algunos me digan que vengo a calentar la silla. Quiero demostrar que soy capaz", dice Diego Olmos (20), de 6#176; B.
La enorme
cantidad de alumnos que transitan la escuela con dificultades y se van quedando al margen del sistema educativo formal "obligó" al Regino Maders a generar un espacio para los que no encuentran lugar.
El Ipem fue cambiando de especialidad al compás de las sucesivas reformas educativas
de los últimos diez años. Para adaptarse a los tiempos, los docentes realizaron encuestas en el Centro de Actividades Juveniles (CAJ), que funciona hace años. La demanda era evidente. "Veíamos chicos que dejaban y con el tiempo retomaban. Muchos con sobreedad", cuenta la vicedirectora Graciela Suárez.
Profesores y directivos elaboraron, entonces, un proyecto: tenían aulas libres y docentes dispuestos a ser reubicados.

"Empezamos a trabajar en la aventura de crear el turno vespertino. Hubo que reacomodar horarios e inculcar a los chicos que no venían a hacer lo que ellos querían sino que venían a estudiar y que esta era una nueva oportunidad que tenían a los 16 años", cuenta Analía Puchetta, otra vicedirectora.

El Ciclo Básico funciona en el vespertino. El de Especialización, con orientación en Ciencias Naturales, en el turno tarde. En primer año, los chicos tienen 14 y 15 años; en segundo, 15 y 16; y en tercero, 16 y 17.

Se buscan bancos. Con el tiempo, el Ipem se fue ganando la fama que se merecía. Salvo experiencias puntuales en algunas escuelas, en Córdoba no hay espacios específicos para chicos con sobreedad. Si se le suma el crecimiento de la matrícula en el secundario, impulsado por la asignación universal por hijo, el colegio de General Bustos funciona a pleno.

"Este año hemos sentido mucho la demanda. Tuvimos que decir que 'no' porque teníamos la matrícula cubierta. Vienen de todos lados", asegura Suárez. Durante todo el mes de marzo la gente seguía buscando bancos. "Seguro llenaríamos dos cursos más", agrega.

Los alumnos llegan de Chaco Chico, de General Savio, de Mosconi y de los colegios de la zona: repetidores del Alejo Carmen Guzmán o del Dorrego. También de privados. "Algunos vuelven a la escuela para cobrar los 180 pesos y otros porque se dan cuenta que si no terminan el secundario no pueden hacer otra cosa", asegura Puchetta.

La escuela tiene las puertas abiertas, pero su espacio es limitado. Hay cursos de 25 ó 30 alumnos, que ya son muchos. "Todos tienen atrás una historia, es difícil", dice Suárez.

Se adapta la currícula en horas cátedra de 35 minutos, se hace un diagnóstico y se trabaja por áreas. El rendimiento es similar al resto de la escuela. Sólo 10 alumnos pasaron con tres materias previas.

La deserción empieza a notarse después de julio. Un 10 por ciento de los chicos estudia y trabaja, y un porcentaje considerable integra algún equipo de fútbol profesional.

A fines de 2009, egresó la primera promoción vespertina. Muchos estudian enfermería en la UNC. "Al principio tienen temor de venir al vespertino, pero luego se terminan enamorando", concluye Puchetta.

Fuente: La Voz del Interior.


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