El otro Bicentenario: Andalgalá y la megaminería

Antes de empezar este relato pensé en varias cuestiones, en cómo lo articularía, cuál sería el eje que debería seguir para transmitir un mensaje, cuáles las palabras que debería utilizar en mi discurso para poder intentar reflejar lo vivido. Por otro lado, pensé y me situé en el lugar en el que elegí pasar este fin de semana. Y sí, no fue un fin de semana largo como cualquier otro. Por el país hubo un sinnúmero de festejos. Y sí, hace doscientos años un par de locos para la época, lucharon por liberar al país de la corona española. Desde entonces, la historia oficial nos cuenta que ese 25 de Mayo de 1810 se escuchó el primer grito de libertad.
Estuve en Andalgalá, provincia de Catamarca, ciudad rodeada de bellas montañas, cerros, y el más grande e imponente Aconquija, característico por sus picos nevados durante las cuatro estaciones del año. Allí escuché voces de niños, jóvenes, ancianos; estudiantes, amas de casa, profesionales; maestras, empleados públicos, y más. Cada una de esas voces fueron distintas y también iguales. Sí, así es, distintas por la particularidad de las historias de vida; pero al mismo tiempo, iguales en el sentir. Sentirse parte de un pueblo, con sus costumbres, sus callecitas, sus algarrobos, sus olivos, sus niños en la calle jugando a ser felices. Y esto se percibía en los más sublimes aromas a leña, la identidad del andalgalense. La unidad en la diversidad, eso es identidad.
No obstante, este sentido de identidad ha sido
flagelado desde hace un poco más de una década cuando se instaló y comenzó a funcionar el proyecto megaminero de Bajo La Alumbrera. Esta multinacional llegó con los más típicos discursos que caracterizan a estos emprendimientos: progreso, desarrollo y trabajo. Trece años después, vemos que esas promesas nunca se tradujeron en hechos concretos. Al contrario, hoy Andalgalá es la ciudad con la más alta tasa de desocupación de la provincia de Catamarca.
Esto forma parte, una vez más,
de las estrategias de estos gigantes transnacionales: empobrecer hasta hacer creer a una población que son la única salida posible. Se colaron por los resquicios más mínimos de la sociedad, fragmentándola, dispersándola, contaminándola.

La contaminación social y la perversidad en el discurso de las empresas

Pude percibir muy claramente a qué hizo referencia una vecina cuando la escuché hablar de contaminación social. Claro, pues como no se va a contaminar el tejido social si la penetración ideológica con su correlato y los intentos de aculturación, son permanentes y persistentes. Existen en la ciudad dos calles que tienen el nombre de las mineras, una es Alumbrera, otra es Agua Rica. A su vez, hay varios carteles, de esos que indican los nombres de las calles, que tienen otro cartelito arriba con el logo y nombre de la empresa.

Otra: se pueden ver en algunos comercios carteles de una campaña de concientización del uso racional del agua con adhesión de Minera Alumbrera y hasta impulsados exclusivamente por la misma. Estas empresas utilizan 100 millones de litros de agua por día, además de contaminarla con el uso de sustancias altamente nocivas para la salud de la tierra y de las personas. Yo diría más bien: “Sea racional, pa’ irracionales estamos nosotros”. Hasta parece un chiste. Pero no señorxs, es en serio esto que cuento.

La empresa y los medios de comunicación

Juan Muro, dueño de radio La Perla, una de las radios que suenan en la ciudad, manifestó que hace un año y medio atrás, decidió dejar de pasar los anuncios publicitarios de La Alumbrera. La reacción inmediata de esta empresa fue convocar a los periodistas que trabajan en su medio y ofrecerles un sueldo bastante más alto del que estaban ganando, con el objetivo de que se fueran a otra de las radios, que en la ciudad la llaman “prominera”. Junto con esto, el municipio le sacó la propaganda oficial. Juan cuenta que de cinco grandes anunciantes, ahora sólo tiene uno.

Por otro lado, este es el único medio que les ha otorgado un espacio a los asambleístas de El Algarrobo para que puedan realizar su programa de radio. Este sale los sábados por la mañana de 10 a 12 y es enteramente producido por un grupo de integrantes de la asamblea.

La postura crítica evidentemente es mal vista y hasta censurada por el gobierno local. Los pocos periodistas que trabajan en esta radio, tienen vedado el ingreso a las conferencias de prensa que ocasionalmente pueda organizar el municipio.

El accionar de esta radio es la excepción a la regla: los otros medios pasan de manera continua publicidad de las empresas mineras y hasta tienen programas enteros que aluden a los enormes beneficios económicos-productivos de esta actividad.

¿Burocracia, inoperancia o complicidad estatal?

Allí donde el estado flaquea, la empresa está al pie del cañón. Faltan lápices y cuadernos en la escuela pública. La maestra levanta el teléfono y llama a La Alumbrera para solicitarlos. En unas horas, los niños ya cuentan con sus lápices y cuadernos. Por supuesto que con el logo de la empresa. Tienen muy claro cómo ir entrando en el inconsciente de esos niños. Mensajes subliminales van socavando esas pequeñas cabecitas. La camioneta que lleva la comida a los chicos de la escuela, también tiene el mismo logo.

Algunas obras públicas han sido subsidiadas mediante convenio de Minera Alumbrera y el municipio de Andalgalá. Una de las ambulancias del pueblo también fue adquirida con aportes de la empresa, por lo tanto podemos ver también el logo inscripto en ella.

Nada de esto es casual. La empresa responde ante la burocracia e inoperancia estatal. A su vez, el gobierno local refuerza el discurso empresarial, fomentando y favoreciendo el clientelismo producto de estas “acciones solidarias”.

Resistencia, dignidad y la libertad que queremos conseguir

“El primer grito de libertad tiene otro significado para nosotros. Creemos que defender la tierra, defender nuestra agua, defender la soberanía es estar diciendo ‘queremos ser libres’, no depender de multinacionales, que no nos invadan, que no nos cambien nuestra cultura, que podamos mantener nuestra presencia de pueblo andalgalence y no invadidos por extranjeros (…) yo elijo vivir tranquila con mi conciencia que creo que es defendiendo lo nuestro y diciendo NO a esta megaminería, ni hoy, ni mañana, ni nunca”, (Fátima, vecina de Andalgalá).

“Me molesta muchísimo cuando compañeros de la escuela me dicen: ‘Y bueno, de algo nos tenemos que morir’, yo digo, sí, claro que de algo nos tenemos que morir, pero yo me quiero morir de viejita nomás, no dejar que me asesinen” (Ana Laura, 15 años)

“No podemos entender y vamos a oponernos y vamos a seguir luchando contra estos emprendimientos mineros en nuestra provincia, porque ya llevamos 14 de años de mala experiencia con minera La Alumbrera y hoy en día recorremos los barrios de Andalgalá y están plagado de pobreza, de miseria, hay chicos desnutridos, no tenemos un hospital como debiéramos de tener, estamos absolutamente aislados por la codicia (…), estamos siendo empobrecidos de una manera deliberada para imponer una actividad megaminera como única alternativa de progreso y desarrollo” (Sergio, vecino)

Estas voces me llevan a repensar en esto que relata la historia oficial. Creo que, como dicen los asambleístas: mientras existan en Argentina pueblos “sacrificables”, personas “sacrificables”, desigualdad, violencia y contaminación, no hay motivos para festejar, sino urgencia por actuar en la construcción de una verdadera libertad.

Por Eugenia Fernández para CbaNoticias

Fuente: Córdoba Noticias.

Publicar un comentario