miércoles, octubre 05, 2011

En esta oportunidad compartimos con ustedes el siguiente artículo "Interpretaciones y aproximaciones sobre Con amor y ciencia serán útiles, el primer eslogan de la institución" y que propone un análisis discursivo de esa construcción semántica y una mirada que relaciona ese primer eslogan de APADIM con nuestros discursos actuales, así como una propuesta a futuro.

Este artículo elaborado por Martín Passini*, comunicador del área de comunicación institucional apunta a generar reflexiones y discusiones y no pretende arrojar un significado único, sino todo lo contrario. Lo mejor que le puede ocurrir es que se lo discuta e inspire conversaciones superadoras.

1966 | 2 de septiembre | 2011 Hace 45 años comenzó todo.

Interpretaciones y aproximaciones sobre “con amor y ciencia serán útiles”, el primer eslogan de la institución.

En distintas oportunidades hemos contado cómo fueron las primeras instancias y etapas en la creación de la asociación APADIM Córdoba: que unas 17 familias coincidían en viajes a Buenos Aires para consultas con una reconocida doctora, que fue precisamente esta especialista quien les recomendó que se reunieran y organizaran algo en Córdoba. Que tomaron el nombre, objetivos, estatutos y logo de la posteriormente desaparecida APADIM Buenos Aires. Que se juntaban en casas y en la sede de la Sociedad Sirio-libanesa, donde indagaron y aprendieron lo que hacían en otras asociaciones; que organizaron un encuentro o jornadas dirigido a familias e instituciones de todo el país. Que luego, alentados por las experiencias compartidas en ese evento, armaron primero una guardería que luego fue jardín de infantes. Que entonces le entraron a la idea de crear una escuela especial y que mientras tanto hicieron de todo para tener recursos y llevar adelante sus estas metas: colectas, rifas, eventos, venta de flores en kioscos concesionados, etc. Casi tres años pasaron entre la rúbrica del acta de fundación hasta lo que siempre señalamos y celebramos como el primer histórico logro del grupo: el primer día de clases de la Escuela Especial.

Pero además en esos momentos primigenios pensaron un objetivo y un slogan, una idea o lema que identificaría durante mucho tiempo hacia dónde pretendían llegar con sus esfuerzos colectivos. Hoy esa definición nos resulta a primera lectura anticuada, políticamente regresiva, superada o inadecuada ideológicamente, y para esto ensayamos explicaciones evidentes y ciertas: que eran otras épocas, que los objetivos institucionales van cambiando al igual que los conceptos o paradigmas hegemónicos en cada momento, que las palabras cambian, etc. Y así damos vuelta la página. Explicaciones breves para volver a lo que nos interesa: destacar, argumentar, impulsar, discutir y reiterar nuestras propias definiciones actuales.

Con este procedimiento establecemos una relación con ese pasado marcado por la superación -cuando no oposición- entre aquellas ideas originarias y las nuestras. ¿Por qué hacemos esto? Considero que este mecanismo discursivo nos sirve para apuntalar nuestras actuales concepciones, en el marco de un campo de discursos sociales caracterizado por la aún persistente hegemonía de representaciones sociales regresivas y donde nuestras definiciones se presumen como posicionamientos críticos, transformadores, que interpelan el sentido de esas representaciones hegemónicas en torno a la discapacidad.

Y al mismo tiempo, para de alguna manera preservar nuestros argumentos en el contexto de una historia institucional cargada de tensiones complejas, contradicciones entre objetivos y modelos organizacionales que se fueron poniendo en práctica en distintos momentos; consonantes con un modelo de país que durante décadas fue destruyendo las posibilidades de participación, organización e inclusión; arrojando a una mitad de la población a la exclusión social y empujando otra parte al individualismo y el egoísmo. Momentos de la historia institucional (y de sociedad) que no se pueden cambiar pero de las que continuamente buscamos formas para diferenciarnos.

Y en esta etapa el ejercicio de reconstrucción y transformación que intentamos hacer cultura tiene dos ingredientes: lo que podemos recuperar de la propia historia y lo que podemos reinventar. Por esto se vuelven ejercicios interesantes la revisión crítica de la memoria institucional y la profundización en lecturas de aquellas primeras definiciones, cuya fuerza expresiva movilizó durante muchos años el proyecto institucional; para con esas lecturas enriquecer nuestra mirada sobre el presente y los futuros posibles. Esto nos proponemos provocar con el presente artículo, a 45 años de fundada esta institución.

“Con amor y ciencia serán útiles”

Evidentemente, esta frase tiene una potente fuerza expresiva y genera inminentes reacciones: puede movernos a la extrañeza, a la conmiseración por las épocas pasadas, a la negación, etc. En términos generales, provoca el rechazo a considerarla identificatoria de una cultura colectiva, o como forma expresiva representativa de un modelo conceptual de la discapacidad a seguir. Sin embargo, es una frase omnipresente en la cultura institucional, recurrentemente mencionada para tomar distancia, ironizar o impactarnos por su carga semántica. Quizás lo más llamativo de la frase es que sintetiza con una sorprendente exactitud la visión de los fundadores y de la institución en sus primeros años. Como síntesis de un ideario, una visión y una misión institucionales en un momento determinado, es técnicamente impecable.

El soporte más conocido del eslogan es el cuadro de casi dos metros de alto en el que los fundadores rubricaron el acta fundacional. Hoy, recién ahora luego de estar largo tiempo “archivado”, vuelve a mostrarse en un espacio público y visible de la institución. En todo caso, por más que se lo niegue o se le tenga como algo del pasado, el primer eslogan institucional siempre reaparece. Por eso más que ocultar, se vuelve una frase interesante para desentrañar, para desmenuzar y analizar, para reflexionar más allá de las respuestas inmediatas, para incorporarla de otra manera a la historia. No es la idea imponer un significado único de la frase, sino precisamente lo contrario. Los discursos sociales nunca son unívocos y representan una multiplicidad de sentidos de acuerdo a los actores e interlocutores, a los momentos históricos de enunciación y lectura, contextos, etc.

En primer lugar, digamos que el slogan no fue original de APADIM Córdoba. Vino en el paquete de elementos de identificación promovido y sugerido por APADIM Buenos Aires a su homónima cordobesa, junto con el nombre, logo, estatutos y la primera cartilla. Quizás por esto no hay una reflexión documentada al respecto en las primeras actas de la institución, aunque sí hay suficientes elementos para inferir cómo pensaban y cuál era la visión del grupo fundador.

Desde las primeras actas, están omnipresentes las ideas de protección, defensa, habilitación, rehabilitación, recuperación, reeducación, acompañamiento espiritual, asesoramiento, etc. como un desglose de las ideas de ciencia y amor; del mismo modo, el fin de hacer o ser útil está presente en distintos registros y documentos. Por ejemplo, el segundo objetivo del primer estatuto institucional, refiere al acompañamiento a padres y la colaboración para “solución de los problemas relacionados con su recuperación y habilitación para desempeñarse en tareas útiles y su posterior integración al ámbito social”. Aquí debemos entender una visión de inclusión social a partir de participar a través de la actividad, del trabajo, del desempeño significativo, productivo, no accesorio (tareas útiles) en la vida social.

Y más adelante también: “Infundir entre los padres optimismo, destacando que el porvenir de un insuficiente mental no depende tanto de su propia deficiencia, sino de cuanto se preocupan por su rehabilitación”. Es decir, entendían que la discapacidad no era sinónimo de un inevitable destino sino un “porvenir” abierto. Hoy hablamos de igualdad de oportunidades, de autonomía, de proyectos de vida, de ejercicio de derechos y participación, y rechazamos la idea de que un diagnóstico médico determine el trayecto de una vida. A su modo, ellos también lo decían.

Otro objetivo: “Urgir el avance de investigación científica en los campos médicos, psicológicos, sociológicos y pedagógico…” Y “estimular mediante becas los estudios e investigaciones” El conocimiento científico aparece como un recurso central para la institución.

Y así se van reiterando en los documentos estos elementos que implican una visión de la integración a partir de que las personas con discapacidad “formen parte de” (idea básica de la participación), brinden su aporte a la comunidad siendo útiles (en el mundo productivo, no siendo un mero receptor pasivo, etc.)

Y estos elementos en el eslogan están particularmente condensados. Aquí podemos ver la frase en sus partes. Claramente presenta dos elementos diferenciados: por un lado la idea de “amor y ciencia” como elementos necesarios para un fin (el segundo elemento) “serán útiles”, en el que por un lado se establece una relación entre familiares - profesionales (educadores, técnicos, etc.) con las personas con discapacidad, y de éstas con la sociedad; y por otro lado se explicita la intención del fruto del trabajo institucional: que las personas con discapacidad “sean útiles”. Veamos que significan.

Amor y ciencia. En el año 1905, el dramaturgo español Benito Perez Galdós estrenaba en el Teatro de la Comedia de Madrid la obra que se llamaba justamente “Amor y ciencia” y que contaba la historia de un matrimonio distanciado por los ideales de uno y otra. Él, médico, cree ciegamente en los avances de la ciencia. Ella, más tradicional, desconfía de la modernidad. Sin embargo, la urgencia por salvar a Crispín, el hijo de ambos, afectado de difteria, la empuja a un nuevo acercamiento a la ciencia que representa su marido. Nos interesa esta síntesis argumental porque en allí se recrea la vieja antinomia entre razón y espíritu, ciencia y religión, conocimiento y emoción, etc., incorporando además (lo que la hace más interesante) cómo la madre remite a la ciencia cuando aparece la enfermedad, la patología en el personaje del hijo de ambos. Amor, ciencia y patología.

Esta relación que va entre la tensión y la complementariedad está presente en la cultura institucional de APADIM como una disyuntiva que ha recorrido buena parte de la historia institucional. Desde las primeras reuniones de los padres cuando manifestaban la necesidad de conformar comisiones de asesores fundamentalmente en tres campos: la salud, la pedagogía y el desarrollo organizacional, o en otros momentos de disputas de poder entre familiares y profesionales (característico del “ámbito de la discapacidad” en general) en una tensión absurda por imponer opiniones, posicionamientos e ideas sobre que “es lo mejor” para hijos o alumnos, apelando “al amor” o “la ciencia” como fuentes de legitimidad de saber: los familiares poniendo en relieve el valor de los afectos y los profesionales/técnicos los saberes científicos, pedagógicos, etc.

La propia creación de APADIM tiene que ver así con la búsqueda de nuevas posibilidades, brindadas por el conocimiento científico. La complementariedad y aprendizaje mutuo es lo que movió al núcleo organizativo de APADIM a constituir la institución. Amor y ciencia es así el reconocimiento de la paridad de valor que, entendían los fundadores, debía haber entre ambos universos para que sus hijos se desarrollaran más allá de sus limitaciones e “incluirse en al sociedad”.

El eslogan era así un llamado dirigido a la propia organización, no tanto hacia la sociedad. El aliento a organizarse, llevar adelante acciones, trabajar juntos, a no bajar los brazos. Era decir: “aquello que soñamos para nuestros hijos, y que hoy es una utopía, será realidad” o “lo vamos a lograr”. No era tanto un mensaje dirigido a la sociedad, sino a sí misma, a la propia comunidad institucional naciente.

Actualmente, tenemos una fuerte mirada hacia las estructuras y formaciones culturales de la sociedad, por eso diferenciamos entre los afectos familiares, vinculares, íntimos, personales que cada persona necesita para su desarrollo pleno y las actitudes de respeto a la dignidad (y que de ninguna manera denominamos “amor”) que el resto de la sociedad debe brindar hacia las personas con discapacidad, por el sólo hecho de ser personas.

Pero, más allá de la promoción social, hoy ambos campos siguen naturalmente presentes (“amor y ciencia” o como sea más válido llamarles). Más allá de los significados sociales que fueron tomando, hacemos referencia a esta complementariedad cuando hablamos de desarrollo integral de las personas, de articulación, de participación de las familias, de fortalezas familiares, etc.

Serán útiles (y su posterior deformación en “los haremos útiles”). Esta parte de la frase es seguramente la más controvertida. Allí identificamos dos elementos a analizar. En primer lugar el concepto de “utilidad” presente en el “serán útiles” (y en “los haremos útiles”) y que presta en primer lugar a una interpretación obvia y superficial: la persona con discapacidad como un inútil sobre el que se interviene para tornarlo en “útil”. Y por otro lado, el problema del sujeto enunciador, es decir de quién dice la frase y cuál es el espacio que deja al sujeto aludido y no mencionado, y que sin embargo es la razón de la existencia institucional.

Y vale aquí que hagamos un paréntesis: en el acta fundacional el eslogan es “con amor y ciencia serán útiles”; pero luego apareció otra versión que dice “con amor y ciencia los haremos útiles”.

No sabemos como fue el proceso por el cual se trastocó el eslogan del serán al los haremos. Quizás fue deformada por el propio hablar cotidiano a lo largo del tiempo o fruto de una decisión determinada por un posicionamiento ideológico. En todo caso, esta versión posterior (de la que no hallamos registros en actas de comisiones directivas, aunque sí en otros documentos y placas antiguas) determina más fuertemente la relación desigual entre familias y técnicos con las personas con discapacidad y la intervención de los primeros en los segundos (los haremos).

De esta manera, esboza el modelo de educación tradicional que considera al acto de educar como la transmisión de conocimientos, actitudes, etc. que se depositan en un alumno (vacío) y no como la construcción compleja y conjunta de saberes entre actores participantes, en condiciones particulares de relacionamiento y en un contexto sociohistórico determinado. En este sentido la versión original (la que figura en el acta fundacional) es más amable y no toma un posicionamiento tan determinante.

Entre “ser útil” y “desarrollar competencias”. Qué significa el término “útil” en el eslogan. Entre las lecturas posibles, aportemos una que no es la más obvia y precisamente por eso quizás pueda enriquecer lo que entendemos de aquella frase en esta actualidad.

Ser útil (dejemos el término “hacerlos”) significa también tener la capacidad de una actitud de servicio a la comunidad, a la familia, a las personas con las que se relaciona, etc. Es el antinomia de “ser una carga”, otra frase omnipresente en todas las organizaciones, familias, y grupos especializados en la discapacidad intelectual. Y esa capacidad, actitud y capacidad de servicio es el punto de partida para la realización personal, para ser parte de la comunidad. Este sentido (perdido en el tiempo por las connotaciones negativas que fueron ganando lugar al definir qué es ser útil) seguramente estuvo presente en aquellas ideas, y la emparentan con otras nociones mucho más vigentes: realización personal, autonomía, valerse por sí mismo, autogestión, dignidad a partir del desempeño laboral, etc.

De esta manera, el término “ser útil” adquiere una dimensión distinta a la que creemos tiene hoy, y no se aleja tanto como podríamos creer de nuestras actuales y renovadoras concepciones. Cuando decimos que una persona con discapacidad no ocupa un lugar en la comunidad a partir de la dádiva, sino porque se lo gana, porque es su derecho. Cuando hablamos de inclusión laboral y decimos que el desempeño de la persona no debe ser accesorio, sino formar parte del sistema productivo de la organización donde se desempeña, estamos hablando con más exactitud, evitando otras significaciones, pero en definitiva estamos diciendo algo bastante similar a la intención de los fundadores.

“Nada sobre nosotros, sin nosotros” Precisamente el problema mayor de la frase es lo que en la crítica literaria y los análisis de discursos se conoce como el sujeto enunciador. Es decir (básicamente) quien es el que habla. Y desde ahí, a nombre de quién, a quien se dirige y sobre qué habla.

Digamos esquemáticamente: el sujeto enunciador claramente son los propios padres fundadores quienes hicieron propia la frase y firmaron sobre ella. Quizás en segundo término podamos incluir a los trabajadores (educadores, técnicos, etc.) portadores del elemento “ciencia” que se suman al proyecto. Ya dijimos anteriormente “a quién se dirige”, pensamos que a la propia institución, al colectivo o grupo de personas que se estaban organizando y requerían del aliento para encarar con optimismo y energías el proyecto. El resto de la sociedad era un público claramente secundario en esta comunicación. De esta manera, el sujeto enunciador y el interlocutor al que va dirigido es prácticamente el mismo.

Y por último sobre qué (o quién) habla, y aquí evidentemente sin nombrarla, hace referencia a la persona con discapacidad intelectual, como objeto de todas las acciones, preocupaciones y motivaciones de la institución. Es decir, la frase relega a un tercer lugar del proceso de la comunicación (que simboliza los procesos de constitución institucional), a las personas con discapacidad, a las que alude sin nombrarlas.

Atendiendo a este problema, en el año 2002 (de nuestra era) intentamos una nueva construcción semántica, donde el lema era enunciado por un nosotros incluyente. Para este eslogan, vigente entre el 2003 a 2005, construimos la frase “Somos capaces de mucho más…”, donde la intención era una comunicación en distintos niveles de significación: por un lado se podía interpretar como dicha por las propias personas con discapacidad (sujeto enunciador: personas con discapacidad intelectual), por otro lado por la institución (como grupo social organizado) y en un tercer nivel, como dicho por la sociedad en general (una premisa que apuntaba al aliento del trabajo conjunto y solidario) en un contexto social marcado por las consecuencias de la crisis económica de esos años.

Sin embargo, si bien la redacción intentaba solucionar el problema del “sujeto enunciador”, incluyendo a las personas con discapacidad como autores de la misma, el verdadero problema no estaba dentro de la frase, sino en su redacción. La propia elaboración de la frase no fue producto de una participación real, de voces reales discutiendo cosas reales. En definitiva, una buena intencionalidad profesional en un producto que posiblemente ganó en calidad pero no en autenticidad.

Éste es el desafío comunicacional al que nos enfrentamos como organización: el que implica partir de la participación y el protagonismo, en espacios de diálogos abiertos, amables y promotores de nuevas e incluyentes energías. En definitiva cómo hacemos en nuestra organización para que podamos superar nuestras propias definiciones partiendo de esa premisa que nació del foro de vida independiente: “nada sobre nosotros sin nosotros”.

Finalizando.

En este artículo hemos intentado aportar algunos sentidos posibles sobre el primer eslogan que tuvo la institución. Luego fue mutando, hasta que tuvo su ocaso a mediados de los años 90. Siempre presente en la cultura institucional, con singular fuerza expresiva y síntesis de un pensamiento colectivo en un momento histórico, hoy podemos estudiarla, encontrando algunas líneas que la vinculan con nuestras ideas, y podemos incorporarla así desde un lugar respetuoso y crítico a nuestra historia como organización. Este análisis no intenta cerrar un tema, sino todo lo contrario, puede motivar otras posturas, miradas y profundizar allí donde estas palabras quedan superficiales. Lo importante, más allá de todo es que nos ayude a visualizar procesos del pasado, mecanismos de la memoria colectiva y desde ahí, planteos y propuestas superadoras hacia el futuro.

Seguramente estamos en ese camino y ya hemos visto enormes resultados. En realidad, como decimos hace tiempo: “son los propios jóvenes (las personas en general de acuerdo a su grado de desarrollo de acuerdo a su edad) quienes van exigiendo mayores y mejores espacios de participación y protagonismo”, el resto estamos para acompañar, apoyar, ayudar, alentar, realimentar, en procesos educativos y de inclusión.

Reconocer esta disposición, promoverla, alentarla y acompañarla es quizás lo más innovador y transformador que podemos proponernos como institución. Como ejemplo, esta imagen final elaborada por los jóvenes de 6º año, en el taller “El afiche de mi vida” es una clara muestra de hacia dónde van y confluyen los procesos de participación, los discursos, los sentidos y las representaciones sociales.

* Lic. Martín Passini

Comunicador Institucional.

Encargado de área de Comunicación Institucional.

APADIM Córdoba.


APADIM Córdoba. Comunicación Institucional. Contactos comunicacion@apadim.org.ar

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