Vivir la sexualidad en plenitud.

Crónica de una jornada de trabajo y reflexión. 
El fin de semana del 8 y 9 de agosto tuvimos la visita de la Prof. Silvina Peirano.  Durante dos jornadas compartimos tres momentos de reflexiones, debates y capacitación en torno a la perspectiva de la diversidad funcional, como enfoque para superar las limitaciones de pensarnos a partir de la construcción ideológica de la exclusión: capacitismo/discapacitismo; y desde allí avanzamos en las conversaciones sobre las sexualidades, en tanto dimensión humana que no se construye a partir de necesidades o servicios sino a partir del deseo, y que a su vez es constitutiva de las subjetividades, de las biografías vitales y de la dignidad humana.
Ya publicamos sobre las instancias de capacitación que se dieron el sábado 9, en el marco del curso de Formación en Discapacidad desde un enfoque interdisciplinario pero por esas cosas de la agenda de la cotidianeidad, no habíamos contado sobre las dos instancias que compartimos el viernes anterior, en torno al tema. Van entonces estas breves líneas de registro.
Vista del público en el Auditorio Luis Gagliano.
Sindicato Reg. Luz y Fuerza.
Reubicar las sexualidades en el centro.
Por la mañana del viernes compartimos una reunión con parte del equipo de trabajo de la institución, más precisamente con lxs trabajadorxs de las distintas áreas que vienen desarrollando reflexiones y prácticas en torno a la sexualidad, a partir de distintos programas (como el de Educación Sexual Integral), talleres y otros dispositivos de acompañamiento y apoyo hacia las personas con discapacidad que se vinculan a la institución.
Luego de una ronda de presentaciones, en el que cada unx fue compartiendo comentarios sobre formatos de intervenciones, inquietudes y aprendizajes de la práctica, la reunión tomó forma de un diálogo sin un interlocutor central y sin un tema prefijado. La propuesta previa era conversar a partir de las experiencias institucionales, pero la invitada replanteó no segmentar la experiencia en sexualidad: "cuando pensamos la sexualidad nos pensamos a nosotros mismxs".
Imagen de parte del equipo de trabajo de APADIM
Reunión de trabajo en APADIM
En este espacio el rol de la profesora Peirano alternó entre la moderación de debates puntuales, la repregunta y la provocación. Las respuestas, sin ser concluyentes, fueron construyéndose de formas colectivas, con acuerdos y pendientes para seguir conversando; y así los temas fueron sucediéndose: entre la sexualidad como expresión humana inherente, inevitable y las obviedades que no han sido tan obvias cuando se refieren a personas con discapacidad (como que las personas con discapacidad son personas sexuadas, que la mirada de la discapacidad va más allá de la genitalidad y el falocentrismo, que la sociedad no puede tener como única respuesta la inhibición de la sexualidad, etc.) hasta el rol de lxs profesionales y las organizaciones en cuanto configuraciones de apoyos para acompañar a las personas en sus proyectos y caminos de vida, pasando por las miradas respecto a la educación, la educación sexual no como orientación hacia "conductas correctas" sino como acompañamiento que brinda conocimientos, y herramientas para el empoderamiento. “Muchas veces terminamos enseñando desde lo que se puede o no”, reflexionó uno de los docentes participantes. "La gran representación social se basa en dejar afuera del tema el  placer y el deseo. Muchas veces la educación sexual se queda en la prevención del embarazo y enfermedades".
La relación con las familias de las personas con discapacidad/diversidad funcional fue otro de los tópicos: "preguntarse por la propia sexualidad, para desde allí poder asumir roles más humanos como familia".
Silvina Peirano
Silvina Peirano
Pero en la base de la conversación se instaló la propuesta de pensar la diversidad funcional, que implica una mirada que iguala “...desde el enfoque de la diversidad funcional ponemos afuera la discapacidad y por lo tanto no proyectamos en el otro lo distinto”, esta perspectiva es imprescindible para abordar una dimensión de las personas que ha sido tan históricamente cargada de mitología. “Hablar de la sexualidad desde la diversidad funcional nos lleva a desestimar pensar al otro desde lo que puede o no. Esta perspectiva no contempla una mayor o menor capacidad”. Y la sexualidad no tiene nada que ver con la inteligencia o los coeficientes intelectuales.
Del consumo y el rendimiento a las biografías sexuales. Una mirada liberadora e incluyente.
Por la tarde compartimos una charla pública para un público heterogeneo de unas 180 personas, entre familiares, trabajadorxs de distintas organizaciones y en menor cantidad personas con discapacidad/diversidad funcional. Este espacio se realizó con un formato distinto al anterior, con una disertación acompañada por una presentación, videos e imágenes que ayudaron a visualizar la trama conceptual, Silvina Peirano hizo un recorrido a través de representaciones sociales, apoyándose en elementos de la antropología cultural, la historia de la discapacidad, la sociología y hasta la economía y las artes para fundamentar la necesidad de pensar en términos de diversidad funcional.  Toda la exposición y el diálogo posterior se registró en un video que publicaremos en breve. Pero compartimos aquí algunas lecturas y comentarios sintéticos a modo de adelanto.
Imagen general del auditorio durante la charla
Imagen general del auditorio durante la charla.

Los procesos históricos nos han dado un sistema económico, social y cultural de escala global determinado por los paradigmas del capital, el consumo, de la rentabilidad, la eficiencia y el rendimiento. En ese contexto la sexualidad ha sido representada e impuesta erroneamente como una escalera que hay que ir subiendo: de los besos y caricias hasta la penetración y el orgasmo. La vieja mirada genitalista de exclusión: "¿Qué sucede por ejemplo con varones que no alcanzan una erección, o con las personas que no tienen orgasmos?  ¿Son incompletos, incapaces?"
Las personas con discapacidad o con diversidad funcional atraviesan los distintos escenarios de la vida social: la familia, la escuela, el barrio, el trabajo, las instituciones, los centros de salud, los viajes, la ida al supermercado, la religión, etc. cargando una serie de estigmas que se presentan de diversas maneras en los distintos espacios y etapas de la vida pero que responden a una misma matriz: la explicación automática de que su historia vital (de su personalidad, su forma de ser, sus conductas, sus relaciones humanas, sus desempeños, sus expresiones, etc.) se entienden como reflejos de "SU" discapacidad. La persona es despojada de todo, salvo de su discapacidad, o bien, la discapacidad (en tanto construcción ideológica social) posee a la persona. Le antecede y la posee. La persona "la padece" y es pensada desde la connotación negativa de la dis-capacidad. Y desde allí es representada toda su realidad.

En ese marco, la sexualidad, el placer, el deseo constituyen expresiones de vida que se someten a mecanismos de inhibición. Mitificada, privada de condiciones necesarias, como la privacidad, intimidad, acompañamiento, aprendizaje, comunicación, etc., es al menos llevada a los márgenes de importancia de "lo que necesita la persona". Suplantada por un sistema de necesidades, carencias, desvalimientos y dependencias estandarizadas (según tipo de discapacidad), van borrando singularidades, así como condicionando posibilidades de manifestación.  Deserotizado/a, privado de la belleza, en el fondo está el rechazo a ver en el dis-capacitado un ser con capacidad para sentir, y menos aún generar placer. Pero la sexualidad es inherente a los seres humano, es imposible no ser sexuados/as. Ante esta contradicción, la sociedad juzga las manifestaciones sexuales de las personas con discapacidad/diversidad funcional en el plano de lo normal/anormal.
La propuesta en cambio implica no pensar la sexualidad como algo que se posee, que se domina, que se instrumentaliza, sino como parte de las propias vivencias, que se explora a lo largo de la vida y a la vez la constituye. En esa propuesta se derriban las dicotomías capacidad/incapacidad, salud/enfermedad, normal/anormal.  Todos y todas tenemos cabida. En el proceso, los cambios son inmensos, transversales a todos los planos de la estructura social: cambios culturales, educativos, comunicacionales, etc.
Y el objetivo es buscar el empoderamiento de las personas en el marco de sus propias subjetividades, tomar las propias decisiones, asumiendo también los riesgos. Lo venimos diciendo respecto de distintos temas y aquí se vuelve central: el cambio de los viejos paradigmas de la dependencia y la sobreprotección hacia la autonomía, la interdependencia en condiciones justas y libres, en fin la libertad de tomar decisiones implican riesgos.  Implican asumir las posibilidades de fracasar, de sufrir y de tomar decisiones inconvenientes. De todos modos, no puede ser de otra manera.
Para ver más fotografías de la jornada de trabajo y reflexión, te invitamos a que ingreses aquí: Vivir la sexualidad en plenitud. 

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