martes, junio 30, 2015

Por Ester Frola* 
“Se trata de proporcionar a cada alumno los medios para afrontar los problemas fundamentales y globales propios de cada individuo, de cada sociedad, de la humanidad entera. Estos problemas se desintegran con demasiada frecuencia en disciplinas compartimentadas y a través de éstas (…) La misión fundamental de la enseñanza secundaria es la de permitir a las jóvenes generaciones, en la edad plástica y decisiva de la adolescencia, afrontar los problemas de su vida como personas, ciudadanos y habitantes de la Tierra”. Edgar Morin 
Dentro del Sistema Educativo existen modalidades que son definidas como ”las opciones organizativas y/o curriculares de la educación común, dentro de uno o más niveles educativos, que procuran dar respuesta a requerimientos específicos de formación y atender particularidades de carácter permanente o temporal, personales y/o contextuales, con el propósito de garantizar la igualdad en el derecho a la educación y cumplir con las exigencias legales, técnicas y pedagógicas de los diferentes niveles educativos.”
Así la Educación Especial se define, a su vez, como la modalidad del Sistema Educativo destinada a asegurar el derecho a la educación de las personas con discapacidades, temporales o permanentes, en todos los niveles y modalidades del Sistema
La escuela especial ha tenido, a lo largo de la historia del Sistema Educativo, tres funciones que hoy coexisten:
  • Centro educativo con proyectos curriculares acordes a los niveles educativos y sus correspondientes diseños
  • Sistema de apoyo dentro del proceso escolar
  • Centro de evaluación del niño y de planificación de apoyos individuales y en contexto que favorezca la real inclusión de los nin@s y jóvenes.
Hoy se cuestiona el objetivo por el cual fue pensada: la escuela especial como centro de aprendizaje. ¿Que debe garantizar la escuela especial? Aprendizajes, adquisición de contenidos, desarrollo integral, comprensión del mundo, transmisión de cultura, sentido de pertenencia a una comunidad, identidad nacional.
“La educación y el conocimiento son un bien público y un derecho personal y social, garantizados por el Estado” (Artículo 2º Ley 26206)
Brinda una propuesta pedagógica “que les permita el máximo desarrollo de sus posibilidades, la integración y el pleno ejercicio de sus derechos” (LEN Art. 11 Inc. n), tomando como referencia los diseños curriculares de cada jurisdicción.
Este proceso que se refleja en los marcos legales vigentes esta en relación con las etapas vitales de l@s alumn@s, las cuales se transitan acordes a los niveles educativos. Siempre en su condición de alumnos, l@s nñ@s y adolescentes deben ir aprendiendo, en su tránsito por los niveles educativos obligatorios, en aquel contexto educativo que mas favorezca su desarrollo pedagógico.
No es la modalidad lo que garantiza en sí mismo el aprendizaje, sino las oportunidades de aprender que le ofrece el contexto. Ningún alumno aprende igual que otro, ni dos escuelas enseñan de la misma manera.
“La educación brindará las oportunidades necesarias para desarrollar y fortalecer la formación integral de las personas a lo largo de toda la vida y promover en cada educando/a la capacidad de definir su proyecto de vida, basado en los valores de libertad, paz, solidaridad, igualdad, respeto a la diversidad, justicia, responsabilidad y bien común.” (Artículo 8º. Ley 26206) 
La escuela especial es muchas veces la respuesta al proceso de aprendizaje de un/una niñ@ o joven. Pero no es una condición a priori de Persona con Discapacidad lo que lo determina, sino los apoyos, los tiempos y recursos que ese niñ@ en particular requiere. Así puede que en los primeros años del desarrollo del proceso de aprendizaje las condiciones, quizás, sean más favorables para pensar y diseñar procesos de inclusión educativa. A medida que avanza y la red de contenidos se complejiza es necesario pensar para cierta población escolar con discapacidad, espacios educativos que le den respuestas (tanto de estrategias como de tiempo). Así se garantiza el derecho a la educación y no sólo el derecho al acceso al sistema.

La realidad y la transformación que evidencia hoy la población con discapacidad demanda a la escuela especial ser espacios de puertas abiertas, donde se interactúe con otras realidades y colectivos educativos, cobrando así otro sentido la formación integral, el proceso pedagógico, los objetivos de la enseñanza. El posicionamiento de las personas con discapacidad, su empoderamiento en distintos espacios sociales, el desarrollo integral, etc., es a su vez consecuencia del cambio de mentalidad de la sociedad actual.

El proceso histórico está promoviendo proyectos de inclusión escolar a partir de objetivos pedagógicos comunes, propios del nivel educativo, que favorezcan a todos y a cada uno de l@s alumn@s participantes. Las escuelas, más allá de las modalidades, deben tener como base indiscutible los Núcleos de Aprendizajes Prioritario, propios para cada nivel educativo, siendo cada uno el cimiento imprescindible para acceder al nivel siguiente. “Desarrollar las capacidades y ofrecer oportunidades de estudio y aprendizaje necesarias para la educación a lo largo de toda la vida” (Fines y Objetivos de la política de la Educación Nacional. Ley 26206). Ambos espacios deben garantizar oportunidades de estudio y aprendizaje.
En general, las escuelas especiales se han caracterizado por aceptar a cada persona en su individualidad, pensando el proceso de ese sujeto en situación de alumn@, en un contexto y en proyección a futuro. Esto también impacta en el tipo de agrupamiento escolar, en la selección de las estrategias, en la determinación de objetivos anuales tanto para cada grupo como para persona en lo particular.  Desde una mirada crítica también ha cometido el error de seleccionar arbitrariamente los contenidos, avalado y promovido desde la estructura directiva del sistema educativo.



Incluir también es el desafío de la escuela especial, repensando sus prácticas, incrementando las posibilidades de aprendizajes a través de proyectos curriculares más amplios, flexibles y complejos. Aceptando el desafío de una transversalidad que no sólo es la interacción dentro del sistema educativo, sino respetando los objetivos de cada nivel de enseñanza del sistema.
La escuela especial debe refundarse prioritariamente a la luz de las exigencias de los alumn@s. Las personas con discapacidad han demostrado en los últimos 10 años que se han apropiado de sus proyectos, demandando cambios, argumentando decisiones. Desde la escuela es imperioso analizar críticamente si los contenidos de las distintas disciplinas y las propuestas de enseñanza condicen no sólo con los tiempos históricos que atraviesan a este espacio social.

La escuela especial como sistema de apoyo, en proceso de definición, debería articular los trayectos, cursados, y procesos de l@s alumn@s que presenten algún tipo de discapacidad, transitorio o permanente, entre ambos espacios educativos. Pero ¿cómo articular ese proceso cuando se cuestiona la función pedagógica propia de la escuela?
La trayectoria educativa de alumn@s con discapacidad en escuelas comunes requiere de configuraciones de apoyo que deben ser definidas y acompañadas por profesionales de la Educación Especial con el objetivo de detectar e identificar las barreras al aprendizaje y desarrollar estrategias educativas para la participación escolar y comunitaria. Estos apoyos se desarrollan a través de configuraciones prácticas: atención, asesoramiento y orientación, capacitación, provisión de recursos, cooperación y colaboración, seguimiento e investigación (Orientaciones I, CFE. 2009).
La escuela especial como centro de evaluación, es relativamente nuevo para las escuelas de modalidad especial. Ha sido por un lado un desafío y por otro la ha posicionado en un lugar de desventaja. En los últimos años se implementaron resoluciones ministeriales que determinaban que  los profesionales de las escuelas especiales realizarían evaluaciones y acercarían posiciones en procesos de inclusión educativa.  A pesar de los tiempos acotados en los procesos de evaluación, se pudo aportar una mirada objetiva a procesos que tenían como eje un conflicto de intereses en donde un alumn@ quedaba en medio de diversas tensiones. La escuela especial que hacía la valoración recomendaba la modalidad que fuera más conveniente para el proceso de aprendizaje del niño.

Para que este proceso se enmarque en lo que se espera “la escuela especial como centro de apoyo”,  deben darse algunas condiciones:
·         Reconocimiento de la escuela especial y de su valor dentro del sistema educativo
·         Encuentro de criterios profesionales en el proceso de valoración
·         Entendimiento sobre el significado del derecho al acceso a la educación
·         Respeto por el proceso de aprendizaje del alumn@
El desafío sería construir ese proceso entre las escuelas intervinientes y demás actores del proceso. El futuro de un/una alumn@, el lugar dentro sistema educativo y su trayectoria se definen muchas veces en ese proceso. Al ser integral se posibilitaría al alumn@ y  a su familia, construir  una realidad acorde al tiempo y sus expectativas.
Por las razones que sean, hoy se le niega a la escuela especial esa función si la orientación no condice con lo esperado. La única forma de que este procedimiento beneficie al alumn@ es que los equipos evaluadores estén conformados por profesionales de ambas modalidades, y que el proceso se conduzca conjuntamente, a la luz del proceso pedagógico que ese nivel educativo requiera. Mirar la persona, acompañar su proyecto de vida, diagramar el sistema de apoyo necesario para el logro de los objetivos también es parte de  ello.
Pensar. Proyectar. Cambiar. En tres palabras se centra el desafío que hoy asume la escuela especial. Pensar que mucho se ha trabajado y aportado a los cambios sociales e históricos de la educación, de las personas con discapacidad y sus contextos familiares, sociales y laborales. Recapacitar en la idea que no es la única posibilidad de l@s alumn@s con discapacidad, sino una opción que da respuesta a las características y demandas de cada uno desde una perspectiva de respeto por la persona. Reconsiderar que es necesario y urgente analizar los proyectos educativos de cada escuela.
Proyectar escuelas de puertas abiertas, donde l@s alum@s sean acompañad@s en los trayectos educativos más allá de modalidades, los espacios escolares y los intereses parciales de los contextos. Planear escuelas donde se aprende, se divierte, se enseña, se experimente, se crezca, con otr@s a los que cada alumn@ denomina pares por elegirl@s desde la diversidad y por no por pertenecer a un grupo etario, sector social o tipo de discapacidad determinada. Imaginar una reforma educativa profunda que no tiene como eje líneas políticas sino humanas, soñando con una revolución en los aprendizajes, moviendo la escuela hacia el futuro. Arriesgar a otras formas de pensar la escuela, en diferentes espacios, en movimiento, incluyendo desde el saber.
Actuar en consecuencia con lo que se cree.

* Lic. Ester Frola
Prof. en Educación Especial
Lic. en Gestión de la Educación Especial.
Notas relacionadas: La Escuela Especial frente a los desafíos de los nuevos paradigmas.


APADIM Córdoba. Comunicación Institucional. Contactos comunicacion@apadim.org.ar

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