martes, julio 28, 2015

En el segundo encuentro del curso de inclusión educativa “El valor social de la diversidad” la propuesta estuvo en seguir avanzado con los temas del programa de formación, compartiendo criterios de abordaje que son muy importantes a la hora de pensar la discapacidad, dar un encuadre ideológico y conceptual a las prácticas educativas y como esto repercute en las herramientas metodológicas que se proponen en educación inclusiva.
De esta manera, la Lic. Clara Ballesteros comenzó la disertación comentando como las disposiciones legales a nivel internacional, como la Convención de los derechos de las personas con discapacidad, y  otras a nivel Nacional y Provincial, repercuten en la inclusión educativa y en los derechos en general de las personas con discapacidad.
Para comprender el enfoque de estas legislaciones que generan modificaciones en las prácticas, instituciones y en la mirada en relación a la discapacidad es necesario realizar una revisión histórica para comprender como los distintos modelos fueron signando la vida de la persona con discapacidad, vistos y pensados como personas-“objetos” de intervención  desde el misticismo de lo religioso hasta la cientificidad de las propuestas meramente rehabilitadoras, en el que diagnóstico era determinante y la mirada normalizadora, de homogeneidad, estaba pensada en rehabilitar adecuando la limitación desde la funcionalidad, ser parte de una media, corresponder a estándares sociales para ser “un sujeto común”.
Con la ratificación en el país de la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con discapacidad, el  Estado como garante asume el compromiso de hacer efectiva la convención y es deber de las instituciones, organizaciones, escuelas  y profesionales que trabajan en el ámbito  de la discapacidad apropiarse de ella y proponer su prácticas acordes al enfoque de derechos humanos y el modelo social en discapacidad que la Convención deja plasmado en su articulado.
Como comentaba, Clara Ballesteros “Es un instrumento legal que no depende de la voluntad o de la decisión personal, legalmente interpela nuestra práctica y el Estado es el que debe garantizar la igualdad de acceso y la igualdad de oportunidades”.
Los antecedes internacionales anteriores a la Convención y que la misma surja del movimiento de vida de independiente gestionado por las propias personas con discapacidad, le otorga una legitimidad distinta al resto de los tratados en discapacidad, promoviendo la frase de identificación de estos colectivos “nada de nosotros, sin nosotros”.
Luego de compartir la nueva mirada que instala la convención en discapacidad en todos los ámbitos donde participa, transita y articula su vida una persona con discapacidad, la capacitadora destaca la importancia del artículo 24, el cual se establece que el Estado debe reconocer el derecho de las personas con discapacidad a la educación garantizando este derecho sin discriminación y sobre la base de la igualdad de acceso y oportunidades.
En este sentido, Ballesteros manifiesta que la educación es un espacio propicio para poder propiciar la integración de la persona desde la escuela y como esta se convierte en una herramienta educativa y social para la participación de la vida de la personas en lo económico, cultural, político.
La importancia del artículo es la obligación de remover las barreras, realizar los ajustes razonables que es central, aunque luego hay normativas locales que están en subsisten desde otros paradigmas en discapacidad y se contradicen con la convención.
No obstante lo esencial de la Convención es que las personas con discapacidad,  las organizaciones e instituciones pueden organizarse para presentar “un reclamo cuando sus derechos estén siendo vulnerados, como  la Convención es un documento vinculante, obliga y permite a la vez que las personas lo utilicen como una herramienta para la defensa de sus derechos”. 
En concordancia con esta mirada de la discapacidad, la Lic. Belén Agüero, propone la presentación de dos videos disparadores en donde la discapacidad no es presentada como algo que hace a las “personas excepcionales o especiales, como fuentes de inspiración”, sino como un aspecto más que forma parte de la identidad y vida de las personas.
Como destacaba Belén Agüero al repensar nuestra mirada y reflexionar sobre ellas, “nos debe permitir que pensemos a las personas con discapacidad, como sujetos de derechos, con deseos, voluntades y decisiones como el resto de las personas”.
Si partimos de la resolución ministerial nº667/11 que establece que “la escuela común y los servicios educativos de modalidad especial, trabajarán articuladamente y con responsabilidades compartidas, procurando consensuar los sistemas de apoyos que resulten convenientes para cada alumno en particular”; la propuesta de una educación inclusiva debe pensarse teniendo cuenta y diferenciado aquellas barreras que puedan existir que no permitan el aprendizaje y la participación de las personas con discapacidad y de todas las personas en general.
Si bien el trabajar y corregir esas barreras, es parte del trabajo en conjunto del equipo de inclusión escolar y la docente a cargo del grupo escolar, es esta última quien en el aula debe estar atenta a estas barreras sobre todo las actitudinales que no permiten, muchas veces “abrir el pensamiento, tener una mirada inclusiva para realizar adecuaciones dentro de un grupo”.
En este sentido, Belén Agüero, comentaba la importancia de los apoyos como herramientas vitales que podemos tomar para compensar dentro de un aula las diferencias y capitalizarlas para que todo el alumnado pueda enriquecerse entre sí en un aula con muchas opciones y diferencias de pensamiento de aprendizajes.
Desde la modificación de las barreras y con los apoyos adecuados, el docente cargo puede generar espacios participativos y educativos en donde los “sujetos sean más activos en su aprendizajes, respetando sus estilos de aprendizaje y su diferencias en sus procesos de conocimientos y aprendizajes”.
El trabajo diario del docente adentro del aula sólo puede pensarse atendiendo a este singularidad desde la necesidades de cada persona en cuanto a su aprendizaje y los tiempos de este proceso, pensando que “la diferencia y la diversidad es parte de la naturaleza humana y a partir de eso construir un aprendizaje y una enseñanza para todos.
Como cierre del encuentro se realizó una instancia de análisis y reflexión sobre las cuestiones antes mencionadas, a partir de una dinámica grupal con algunas preguntas disparadoras que luego fueron puestas en común.
En relación a cuales eran las barreras que dificultan el aprendizaje y la participación del alumno dentro del aula y en la Institución Educativa, se  visualizaron como aspectos negativos para la inclusión, las barreras actitudinales del docente frente a la Inclusión, dificultades de accesibilidad física, la cantidad de alumnos en las aulas y situaciones de no respeto para la participación de todos.
Otros aspectos mencionados fueron el exceso de demandas administrativas hacia el docente, que impide dedicarle tiempo para realizar adecuaciones, modificaciones para el alumno incluido y su grupo clase y el no involucramiento de todas las partes que participan en el proceso de  Inclusión, escuela, familia, apoyos terapéuticos extraescolares, profesora de apoyo.
De esta manera, los asistentes compartieron inquietudes y experiencias personales en cuanto a lo planteado, la propuesta de la escuela especial y la escuela inclusiva, y cómo estas deben pensarse desde el derecho de toda persona a una educación integral.

En el segundo encuentro del curso de inclusión educativa “El valor social de la diversidad” la propuesta estuvo en...
Posted by Apadim Córdoba on Martes, 28 de julio de 2015


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