miércoles, noviembre 11, 2015

Compartimos el artículo publicado el lunes de esta semana en La Voz del Interior sobre parte de la historia de vida y de formación de Juan Pablo Alberione, recibido de la carrera de tecnicatura en folclore. Aunque la nota cae en algunos lugares comunes contradictorias con una mirada desde el modelo social (por ejemplo acentuando la representación social del "ejemplo de vida" o la apelación en un pasaje del texto a la "ternura") es un buen aporte para eliminar barreras y techos impuestos que implican una opresión social hacia las personas con discapacidad intelectual.  Particularmente interesante es el registro de su propia voz y testimonio en el video publicado.


Es técnico en Investigación Folklórica, toca la batería y trabaja en el Teatro del Libertador San Martín. Tiene síndrome de Down y desde siempre se integró a escuelas comunes. Ya está pensando en sus próximas metas: estudiar fotografía y mudarse sólo.
Despliega sobre la mesa el diario que lo tuvo como protagonista hace más de 15 años y recuerda con detalle a sus amigos de la foto. Se acerca y sonríe buscando en su memoria anécdotas del secundario: en esa nota de La Voz del Interior , Juan Pablo Alberione había logrado terminar la escuela, con el orgullo de ser distinguido como el mejor compañero.
Su esfuerzo pudo más y creció en su formación académica. Hoy, es técnico en Investigación Folklórica, egresado del Instituto de Culturas Aborígenes (ICA) y trabaja en el Teatro San Martín. Con 34 años, siente que todavía tiene una materia pendiente: estudiar fotografía. “Me gustaría sacar algunas fotos de los artistas para poner en una exposición sobre músicos de San Vicente”, explica con la certeza de que podrá alcanzarlo.
“Juan siempre tiene muchas inquietudes, siempre está buscando cosas, desde que era chico”.
La imagen muestra a Juan Pablo viendo el diario La Voz en una
edición de 1999.  Epigrafe del diario: "Momentos memorables.
Juan Pablo recuerda  con mucho cariño a sus amigos de la foto,
publicada en La Voz en 1999. (Sergio Cejas/La Voz).
Así lo describe Dinora Gebennini, su mamá, al mirarlo emocionada y orgullosa. Cuenta además, que desde la guardería se integró a escuelas comunes, gracias a la Dirección de Apoyo Escolar Interdisciplinario de la Provincia, al acompañamiento y cariño de docentes, psicólogas y compañeros. “Tuvimos mucha suerte porque encontramos gente maravillosa”, reconoce con mucha gratitud.

La música

La batería es como una extensión de su cuerpo, el lugar donde se siente seguro y desde donde expresa sus emociones. El deseo de Juan es poder independizarse pronto y su máxima preocupación es cómo trasladar su batería.
“Me quiero mudar a un PH de lujo y quiero llevar la bata. Pero no sé cómo voy a poder si el bombo está pesado, cómo hay que hacer con los platos, los tambores, los fierros”.
Imagen: Juan Pablo tocando el jembé. Epígrafe: Los
instrumentos de percusión son sus preferidos. "Soy muy bueno",
reconoce Juan Pablo con picardía. (Sergio Cejas/La Voz).
Su conexión con este instrumento y con el jembe muestran su pasión por la percusión. La mamá le dice: “Hacete un paisaje, Juan”; él lo dibuja con la música y una sonrisa. “Soy muy bueno”, reconoce con picardía y hace honor a lo aprendido con interpretaciones en vivo. “Me gusta el folklore, el jazz, el rock inglés”, repasa con entusiasmo, mientras busca los CD’s que colecciona.
Juan participó en varias presentaciones de la banda experimental Omasín y su veta artística también se alimenta en el teatro San Martín, donde trabaja: “Leo mucho, reparto gacetillas, atiendo el teléfono, cuando hay visitas de alumnos los acompaño”.

El desafío de estudiar

Su formación secundaria fue en una escuela agrotécnica, Heriberto Fisher, de Lozada. Sus compañeros lo sostuvieron mucho y decidió seguir estudiando. “El ICA significó un esfuerzo porque era bastante exigente. Tuvo algunos tropiezos en Guaraní, pero es lógico”, explica su mamá. Juan se detiene apenado en esa anécdota y contagia su ternura: “Me ponía el mapa y yo no me acordaba nada de lo que había leído, hasta que un día me puso un dos”.
En contraste, se le ilumina la mirada cuando destaca con orgullo que la nota de su trabajo final fue un ocho. “La tesis era sobre la yerba mate de los pueblos originarios”, cuenta entusiasmado.
Tapa de La Voz en 1999. Junto a sus amigos, feliz por haber terminado
la escuela y haber sido elegido mejor compañero. (La Voz/Archivo).
Juan y su familia encontraron la ayuda que buscaron cada vez que les tocó golpear una puerta. Dinora dice que lo principal es tener conciencia de que hay un derecho a la integración.
“No todos somos iguales. Pero todos tenemos que tener un lugar y tiene que ser colectivo”.
Conocer a Juan es convencerse de que las barreras sólo están en uno mismo. Si existe la motivación y el acompañamiento, cualquier desafío puede concretarse. Así lo asegura Dinora, en una invitación a la reflexión: “Hay que animarse nomás y buscar ayuda, no aminorarse por la dificultad. Sobre todo porque todavía existen prejuicios discriminatorios, ideas de que no se puede y yo creo que a eso hay que cambiarlo. Se puede. Cada ser humano tiene cosas importantes para dar”.

Para reproducir el video ingresa a la publicación original aquí.


APADIM Córdoba. Comunicación Institucional. Contactos comunicacion@apadim.org.ar

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