domingo, enero 10, 2016

Tiene 17 años y por ahora se desempeña como guardavidas junior porque es menor. Pero trabaja junto a su profesor. Este año hará el curso de socorrismo en aguas abiertas.
“Hola Gastón”, saluda un nene de no más de 5 años en la colonia de vacaciones. Y el guardavidas junior, con su torpedo flotador anaranjado le responde el saludo con una sonrisa, mientras camina por un costado de la pileta.

Unos metros más allá, el entrenador y guardavidas Horacio Castillo, acompaña, mientras invita a su discípulo: “Hagamos una pileta de calentamiento”. Y al mejor estilo de Mitch Buchannan en la noventosa serie Baywatch, Gastón se tira al agua.
Todos los días, entre las 10 y las 13, Gastón Spotti Cajal, este chico con síndrome de Down de 17 años, trabaja junto a su maestro y mentor como guardavidas juniors: “Me gusta mucho nadar”, le cuenta a Clarín, y se apoya en el lenguaje de señas para hacerse entender, debido a que tiene cierta dificultad para hablar.
“Gasti”, como le dice su familia, es el menor de cinco hermanos y un verdadero luchador: a los cuatro meses de vida lo operaron del corazón por una deficiencia que tenía en la comunicación intraventricular: “Es un chico de muchas luchas y triunfos”, cuenta emocionada su mamá, Verónica Cajal, que es profesora de educación física.
Quizá por herencia genética y astrológica, los cinco hermanos Spotti Cajal viven en el agua: “Yo soy de Piscis, siempre preferí enseñarles a nadar antes que poner rejas en la pileta. Y Gasti es un delfín, nada desde muy chico. Antes en las piletas ponían mucho reparo y había mucho prejuicio, hasta que un día, cuando Gastón tenía unos 8 años, fui a la pileta del Pizzurno (depende de la Provincia) y me preguntaron si el nene era independiente. Les contesté que sí, y me dijeron que lo dejara y me fuera. Fue una grata sorpresa”.
Ese guardavidas de la colonia de vacaciones que trató a gastón como un chico más, fue Horacio Castillo: “Cuando Gastón cumplió 17, y como nadó toda su vida, le dije si quería hacer el curso de guardavidas. Y se prendió enseguida. Durante ocho meses vino a las clases y aprendimos muchas cosas juntos. Él es un chico que entiende todo y cumple todo el protocolo del guardavidas: desde parar el motor de la pileta, destapar el filtro, hasta tirarse al agua a socorrer a una persona. Es socorrista junior porque es menor, pero este año va a hacer el curso de socorrismo en aguas abiertas”, agrega el profesor Castillo, quien lleva casi cuatro décadas como guardavidas en Argentina y Europa.
Francisco (27), el hermano mayor de los Spotti Cajal nació con parálisis cerebral: “Eso nos dio un entrenamiento como familia, que nos sirvió muchísimo cuando nació Gasti”, cuenta su mamá. Y agrega: “Gastón, como ve que sus tres hermanas van a la facultad, también quiere estudiar como ellas, le encanta dibujar e hizo dos años de un taller de Bellas Artes en la Universidad Provincial. Y como las tres, María de los Angeles, Carolina y Lucía estudiaron en el colegio Domingo Zípoli, de formación musical; Gastón también quiso cantar. Y estuvo dos años en un coro municipal, también fue una experiencia muy linda”.
Imagen de Gastón Spoti Cajal en el agua
con su entrenador.

Entre las muchas actividades que realiza Gastón –cursa el secundario en la escuela especial de la Asociación Civil APADIM-; una de las que más le gusta es trabajar en el taller que su papá José Luis tiene en el garage de su casa: allí padre e hijo construyeron un trike (ala delta con motor) en el que vuelan los fines de semana y ahora arman paso a paso un avión que voló su abuelo en la década del 40.
-Ayer comimos asado -le cuenta Gastón a Clarín, fue el festejo por el primer sueldo como guardavidas.
-¿Lo pagaste vos?
-Noooooo, la plata es mía. Pagó mi papá –aclara con picardía.
Desde esta semana, Gastón encara un nuevo desafío: ir a trabajar solo en colectivo. Durante una semana lo guiará su hermana Carolina; otra semana irá solo y sus padres lo seguirán de cerca. Y después, hará el recorrido solo.
En medio de la charla con Clarín, al guardavidas le da hambre. El maestro Horacio le da plata y su coequiper va solo al mercado a comprar. Regresa contento, con pan, fiambre, gaseosa… y vuelto. La mesa está servida.


APADIM Córdoba. Comunicación Institucional. Contactos comunicacion@apadim.org.ar

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