martes, mayo 16, 2017

En el segundo encuentro del curso de Acompañamiento Terapéutico y Discapacidad, la propuesta fue trabajar el alcance de la función del acompañante terapéutico, problematizar la posición y perspectiva con la cual abordamos el abordaje clínico, cómo el acontecer modifica nuestra forma de posicionarnos, de intervenir y  los efectos que se producen, tanto en el acompañante como en el acompañado.
Para compartir procesos, experiencias y orientaciones teóricas, el lic. Rodrigo Santillán, integrante del equipo Agora- de Buenos aires, planteaba la inquietud de las situaciones vividas en lo cotidiano de la práctica, de manera de extraer desde la experiencia una práctica clínica que oscila entre “estar o no estar en función de acompañante”.
Como se preguntaba Santillán “¿Qué hace que estemos en función?, ¿Cómo nos damos cuenta de que lo estamos haciendo tiene una orientación clínica y no cualquier cosa?
El repensar, el cuestionar y tener una mirada atenta y crítica a nuestro posicionamiento, debe propiciar el espacio para que en la escena del acompañamiento, la escucha sea un elemento clave con significados y significantes que si bien nos precipita a situaciones de inmediatez,  el posterior dialogo con la lectura necesaria de este encuentro, se piense la experiencia dada, se distingue elementos y se comparte con otros. Es esta dialéctica entre la experiencia y la clínica la que nos va permitir orientaciones clínicas que van orientar la práctica.
En este sentido Santillán, planteaba la recurrencia en la práctica de la presencia de un ideal de AT lo que en general, no sólo la experiencia nos muestra la diversidad de las maneras en que puede presentarse sino el obstáculo que esto implica para la función clínica cuándo se “hecha a mano” a este ideal como respuesta que pueda encontrar un sentido a la incertidumbre que el encuentro con ese sujeto y situación nos produce.
Para evitar estas situaciones, es fundamental pensar y trabajar desde el encuentro de cada equipo de acompañantes y coordinador como lugar donde “ se piensa lo acontecido, la particularidad del caso, los obstáculos, las intervenciones, es el lugar dónde se diseña entre varios la orientación clínica que tendrán nuestras intervenciones,  partir de ese volver a la experiencia para extraer de ella los detalles, las sutilezas a partir de las cuales va tomando consistencia la orientación clínica del caso”.
La función de la clínica debe posibilitar abordajes en el acompañamiento donde la renuncia del saber previo debe ser imprescindible al momento de acompañar para poder detectar esos elementos que nos van a permitir pensar lo sucedido, pensar “el caso”. La “rectificación de la función de AT” como explicaba Santillán es una instancia necesaria por la que habrá que atravesar a cada momento en una relación dialéctica entre la clínica y la experiencia, en una mirada atenta para destituir los poderes de los saberes profesionales, para ir asumiendo una función clínica  pensada desde la interdisciplina y corrernos de las “recetas o soluciones” cuando nos ubicamos en relación  a un tipo ideal de AT, un “modelo de salud y enfermedad”, un “modelo de saber”.


APADIM Córdoba. Comunicación Institucional. Contactos comunicacion@apadim.org.ar

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